La culpa es de Messi

La culpa es de Leo Messi. Esa es la cantinela que, cual gota malaya y apoyada por algunos prebostes de los medios de comunicación, pretende socavar la hoy débil y deprimida mentalidad del barcelonismo. Como el argentino no anda fino, como tiene en la cabeza el Mundial de Brasil, el Barça se resiente. Así de simple, así de sencillo, así de básico y así de infantil es el argumento.

Seguramente a causa de una mano negra, Messi está destruyendo el equipo. No queda otra, ese es el mensaje que conviene transmitir hoy, apenas 24 horas antes de la final de la Copa del Rey que puede convertirse en el único título –o chupito, llámenle como quieran– de un equipo que va haciendo aguas desde hace ya dos largos años.

De nada sirve argumentar que ha sido precisamente Leo, con sus espectaculares números, la excusa a la que se han aferrado las direcciones deportiva e institucional del club para no poner freno a la sangría. Los goles y las asistencias de Messi en las últimas temporadas han sido un parche en los ojos de quienes debían agarrar el toro por los cuernos para reforzar un equipo que lleva pidiendo a gritos sangre nueva, jugadores con ansia de triunfo que hagan creer a los aficionados en la victoria no por una mera cuestión de fe, sino con hechos, actitud y trabajo.

Durante tres temporadas, los medios de comunicación, ebrios de triunfo y exhibiciones, han cerrado los ojos a la degeneración de un equipo cansado de ganar. El foco se centraba en el modo en que un insaciable Messi batía récord tras récord (Chitalus al margen) para llenar portadas, mirarse el ombligo y hablar una y otra vez del mejor equipo del mundo incluso cuando ya había dejado de serlo.

Hoy, aunque Messi sigue marcando goles incluso pese a la incapacidad de los técnicos para liberarlo de los marcajes múltiples que le impiden recibir el balón como antes, el crack de Rosario se ha convertido en la diana favorita de parte de la prensa. Con la boca pequeña –no sea que mañana el argentino decida enfadarse– se dice sin ambages que “ese señor” tiene la cabeza en Brasil y se le acusa de ser el principal responsable de los males del equipo.

Da igual que el Barça no tenga portero, que deba afrontar la final de Copa sin centrales por la manifiesta y perpetua incapacidad (o voluntad, no sé qué es peor) de la secretaría técnica para ficharlos; tampoco importa que los recursos tácticos del entrenador para abrir partidos duros se limiten a que un lateral centre balones al área una y otra vez para que los ‘espigados‘ delanteros culés los rematen. Todo eso no cuenta, porque está claro que la culpa es de Messi.

Negar que los éxitos recientes del Barça están ligados a Leo Messi sería absurdo; es más que probable que sin el concurso del argentino no hubiesen llegado todos esos títulos. Messi es un francotirador, un desequilibrio constante y un delantero capaz de sacar los colores a cualquier rival. Pero su influencia en los triunfos es tan evidente como el hecho que él, y sólo él, ha ejercido de salvavidas al que se asirse mientras los responsables de reflotar la nave se dedicaban a mirar para otro lado y a poner palos a las ruedas por omisión, que es el peor de los modos de pecar.

Hoy, la culpa es de Messi. Mañana, si el Barça derrota con su concurso al Real Madrid, todo el mundo volverá a ejercitarse en el supremo arte de las portadas onanistas hasta que la realidad, tozuda ella, nos vuelva a dar en los morros con una Liga tirada. Por culpa de Messi, claro, que sin el Barça no podría ni agarrarse a la barra del autobús.

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