¿La Copa pierde interés?

Como era de esperar, el número de peticiones de entradas que han realizado los socios del Barça para acudir a la final de la Copa del Rey ha caído en picado. El club ha recibido peticiones para un total de 36.323 entradas.

Habrá quien justifique esa caída en el hecho de disputar el partido en un día laborable de la semana santa. Es probable que algo de eso haya, especialmente después del tiro en el pie que se dio el club proponiendo el miércoles en lugar del jueves y obligando a muchos barcelonistas (en Madrid el jueves es festivo) a viajar a Valencia y volver tras el partido para acudir al trabajo al día siguiente. Ya hablamos de eso hace unos días.

Ayer, el directivo Manel Arroyo, aludía al cambio en el censo y a la fecha como posibles causas en el descenso del socio. Sin embargo, al mirar atrás es posible percibir otros factores que tal vez influyan en esa nueva realidad.

En el año 2011, Mestalla acogió la final de la misma competición. Lo hizo con idénticos contendientes (dirigidos entonces por Guardiola y Mourinho) y también el miércoles santo, que cayó entonces en 20 de abril. En aquella ocasión, el Barça puso a disposición de sus socios 13.406 entradas (en 2014, sólo 13.158) y el aluvión de peticiones fue enorme: 72.767 localidades solicitadas. Casi exactamente el doble que esta temporada.

Descartando –por imposible– que el nuevo censo sea por sí solo capaz de reducir a la mitad las peticiones, como afirmaba Arroyo, valoremos otras posibles causas.

  1. ¿La fecha? Ya ha quedado demostrado que es exactamente la misma.
  2. ¿La ciudad? Valencia en 2011, Valencia en 2014.
  3. ¿La crisis? 2011 fue un año tan malo o peor que este.
  4. ¿El rival? Al contrario, si hay un adversario que calienta al culé, ese es el Real Madrid. En 2011, además, la final se colocó de forma incómoda entre una serie de crispados clásicos de liga y Champions League que llegó a saturar al aficionado.

Si la fecha, la ciudad, la situación económica y el rival son exactamente los mismos, ¿qué otros factores pueden haber influido en esa caída de interés? Sólo nos queda un lugar donde mirar: al equipo.

El Barça de este año no engancha al aficionado, y negarlo sería dar la espalda a una realidad incontestable que no sólo se traduce en un menor interés por la Copa, sino también en el descenso de público en los encuentros que el equipo ha disputado en el Camp Nou. Y la desidia mostrada en partidos como los de Anoeta o Zorrilla no han ayudado a mejorar el ánimo de unos aficionados que han visto cómo el Real Madrid le ha ganado 12 puntos en apenas unas semanas.

El culé necesita que le empujen. Quiere ver al equipo pelear, atosigar al rival, presionarle y no dejarle pensar hasta vencerle por aplastamiento con un arma tan suave y sutil como el balón, se llame Madrid, Manchester City o Valladolid. Y el socio, hoy, no aprecia eso en el campo. Desde que empezó 2014, lo que ve es un grupo de jugadores que parecen entrenar, jugar, ganar y competir cuando les apetece porque no tienen quien les apriete las tuercas, un poderoso transatlántico que navega por inercia y que parece especialista en esquivar los grandes icebergs y estar condenado a tropezar con cualquier corcho flotante. En sus manos está acabar llegando a puerto, atracar con tranquilidad y hacer que el pasaje respire tranquilo. Aunque sea menos numeroso.

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