La burla del central

Ezequiel Garay es el último en caer de la lista –si es que estuvo realmente alguna vez– de Zubizarreta. O de Bartomeu, Rosell, Martino o Luis Enrique. O en la de Jordi Mestre o alguno de esos directivos díscolos que viven enfrentados al poder establecido por el nuevo presidente azulgrana. Sea como fuere, quien tuviera en la retina al central argentino ya puede borrarlo.

Mientras disputa el Mundial en Brasil, el Benfica acordó su traspaso al Zenit de San Petersburgo por 6 millones de euros. O esa es, al menos, la cifra que se dio por buena en todos los medios. 6 millones de euros por un central que tras darse a conocer en Santander y pasar de puntillas por el Real Madrid se hizo imprescindible en el Benfica. Y entró en la rueda interminable de futuribles para un Barça que, se supone, nunca creyó en él.

Se supone porque de lo contrario ese precio, 6 millones de euros, es poco menos que una burla. Y más teniendo en cuenta que el pasado mes de abril, cuando Bartomeu proclamaba su intención de prolongar el contrato a Martino, Garay fue protagonista en el entorno de un Barça al que el Benfica, según se afirmó, le pidió 18 millones por el traspaso, tres veces más de lo que ha acabado pagando el Zenit.

Protagonista en los tres partidos de la fase de grupos que ha disputado Argentina en el Mundial, no cabe discutir las bondades de Garay y sí el curioso desempeño del Barça en lo que al mercado se refiere. O mucho despista el club azulgrana a los medios y aficionados teniendo clarísimos los nombres a seguir, o está en un fuera de juego monumental.

Lo que no deja indiferente es que un jugador cuyo precio hace dos meses era de 18 millones de euros sea ahora de solamente 6. O algo no cuadra en la capacidad negociadora del club o aquí nadie se entera de nada. Que también podría ser.

Centradas todas las miradas en Luis Suárez, futbolista descomunal aunque su encaje en el Camp Nou se pueda considerar complicado, el asunto que hace semanas era primordial da la sensación que se haya convertido en secundario. Había que fichar a dos centrales, no uno, dos, para afianzar el nuevo proyecto. Y ahora mismo no se contempla nadie más allá de Mathieu, por cuanto la canción de Marquinhos empieza a aburrir desde el momento en que Laurent Blanc le consideró intransferible y el PSG no es, precisamente, un club necesitado de vender futbolistas.

Por si algo faltaba, Éder Balanta, el joven central colombiano de River Plate que también estuvo (o está, que adivinarlo es otra cuestión) en la órbita del Barça tiene pie y medio en la Juventus. Y su precio, que para el Barça no bajaba de los 15 millones de euros se negocia entorno a los 8.

Hay cosas que no tienen explicación.

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