La broma del Atleti

Hasta que no se demuestre lo contrario, que puede ser en Málaga el cuatro de enero o en el Calderón mismo una semana después, el Atlético de Madrid es el rival a batir por el Barça en la Liga. Han pasado 17 jornadas, prácticamente toda la primera vuelta, y la broma del Atleti empieza a ser pesada. Lo es porque no se recuerda situación igual y porque en la llamada ‘Liga de dos‘ tener un infiltrado se antojaba tan utópico como sorprendente es que siga ahí, dale que te pego, aguantando el ritmo del campeón a base de una furia digna de tener muy en cuenta.

El Atlético tiene un excelente portero, una defensa fiable, un centro del campo imponente, un ataque eléctrico… Y a Diego Costa. Puede no alcanzar la potencia de Cristiano Ronaldo, no tendrá la brillantez de Neymar ni se acerca a la calidad de Messi, pero su figura arrastra al equipo hasta el límite. Y allá, en la banda, goza de un Simeone que ha demostrado ser un entrenador mayúsculo, sucesor de Guardiola en el ascendente sobre el vestuario, capaz de sacar de sus jugadores el máximo y que hace creer a todo el universo colchonero que sí se puede soñar.

La última vez que el Atlético era líder (cierto que hoy es colíder) el euro no existía y al Barça le entrenaba, todavía, Johan Cruyff. Fue el famoso año del doblete, la temporada 1995-96, en que tenía de portero a un tal Molina en su mejor momento, en la defensa mandaba Solozábal, el centro del campo lo guiaban Simeone, Pantic y Caminero y en la delantera, al lado del joven Kiko, imponía su ley Penev. Entrenado por Radomir Antic, aquel Atlético no necesitaba, como este, tener un crack mediático de primer orden. podría decirse que Pantic explotó como lo ha hecho ahora Diego Costa y que la broma a estas alturas ya no era tal.

Aquel Atlético fue líder desde la jornada 6 y hasta la 42 (fue la famosa temporada de los 22 equipos) y sentenció el campeonato la noche que asaltó el Camp Nou a lomos de un Caminero mágico. De entonces a hoy, la Liga ha cambiado mucho y en el Calderón vivieron hasta un paso por la Segunda División que pareció, con el tiempo, apartar al club del primer plano. Más aún desde que los Galácticos dispararon al Real Madrid y Ronaldinho aterrizó en el Barça. A partir de ahí nada hacía sospechar que nadie pudiera estar en disposición de colarse en la fiesta.

Pero, para pasmo de muchos, eso está sucediendo. La pasada temporada, a estas alturas, el Barça le sacaba nueve puntos de ventaja y la sorpresa era que fuera segundo por encima del Real Madrid, que le acabó apartando del subcampeonato al final de la Liga, cuando, sin embargo, la gloria se había hecho presente con la victoria colchonera en la final de Copa. Ganar la final en el Bernabéu al Real Madrid después de 14 años sin saber lo que era derrotarle fue la venganza más dulce… Y el primer paso hacia el futuro.

Y aquí está. 17 partidos después aguantando el ritmo infernal del Barça, dejándose por el camino apenas 5 puntos y habiéndose atrevido, sí, a encerrar al equipo del Tata en el Camp Nou la noche en que se decidió la Supercopa. Demostrando partido a partido que la casualidad, la broma, empieza a no ser tal. Porque a la supuesta superioridad de los dos intocables responde el invitado con la fe, rabia, convencimiento y una ambición sin límites que a algunos, seguramente todavía pocos, empieza a recordar a aquel aguerrido equipo que hace 17 temporadas se atrevió a romper todos los pronósticos.

Es posible que el cuatro de enero el Málaga de Schuster empiece a descabalgarle. Es probable que una semana después, con Messi a la cabeza, el campeón le despierte de golpe en el Calderón. Pero mientras no se demuestre lo contrario el Atleti es candidato. De momento más que el Real Madrid y casi tanto como el Barça.

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