La bomba Piqué

Vermaelen y Mathieu. Rakitic y Rafinha. Suárez, Ter Stegen, Bravo y hasta Deulofeu tienen en el vestuario del Barça un aliado inesperado. Se llama Piqué. Gerard Piqué. El jugador que un día, no tan lejano, fue considerado por muchos el mejor central del mundo, que hoy admite en primera persona no estar ni entre los mejores y cuya figura está en el centro de la diana.

Se supone que en aquellos tiempos en que marcaba goles estratosféricos en el Bernabéu o celebraba brazos en alto los éxitos del Barça Piqué era tan bromista como, dicen, lo es hoy. Que ese carácter gamberro, a medio camino entre la gracia y la pesadez, no le ha aparecido tal cual de la nada o no lo ha sacado al escenario de forma imprevista.

Ocurre, sin embargo, que el presente deportivo del Barça se dibuja desde la esperanza en recuperar el tiempo perdido y el presente de Gerard se escribe desde la desconfianza. La desconfianza a la que ha llegado después de un año largo en caída libre y que motiva que esté en el primer plano cuando la crítica fija sus ojos en el vestuario.

Los fichajes, todos, tienen por delante exámenes diarios. Los veteranos también deben mostrar mejoría y el conjunto está en el centro de ese escenario a ojos del barcelonismo, fiscal implacable después de ver pasar los títulos de largo. Pero el caso de Piqué es diferente. Su papel en esta novela empieza de manera muy distinta. Leyendo los diarios, los tuiters o los blogs, escuchando la radio, viendo la televisión… Se diría que Gerard es un enfermo contagioso, un problema mayúsculo de imposible curación.

Y se le señala de manera tan implacable como precipitada porque, de entrada… ¿Ha comenzado la temporada? Hablar del 3 del Barça conduce de forma directa y urgente hacia Luis Enrique. Fiscalizado como está el central por el entorno, acusado y declarado culpable, se espera a que el entrenador ejecute esa sentencia. Si es tan valiente con Deulofeu, sentándole tantos minutos y señalándole públicamente… ¿Por qué se inhibe con Piqué? Se lee y se escucha en diferentes foros. Quizá, solo quizá, la tarea de Luis Enrique con un Gerard no sea la misma que con el otro.

Si tiró una bomba fétida en un avión y volvió a hacerlo en una zona mixta, molestando de manera evidente a los periodistas, quizá debieran los periodistas pedirle explicaciones a él, directamente, o exigir al club un respeto por parte del futbolista.

Pero se aventura fuera de lugar trasladar sucesos de este tipo a lugares externos y mediáticos. A un aficionado ¿le importa de veras la relación entre el futbolista X y los periodistas? Sí, la imagen que desprenden y que muestran es, a fin de cuentas, la imagen del club, del Barça en este caso… Aunque si hay que lanzar piedras, sería saludable que se lanzasen con cualquiera y no solo con Piqué por sus bromitas.

Critiquemos y fiscalicemos a Gerard Piqué por su rendimiento en el campo. ¡Desde ya! Pero si vamos a atacarle por ser un gamberrete, abramos la caja y fijémonos en el comportamiento de todos los deportistas. De todos. Porque ser ventajistas y sumarse al pelotón suena un poco cutre.

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