La amenaza del invierno

Sólo dos años han transcurrido, aunque ahora parezcan una eternidad. Dos años en los que se han sentado cuatro personas distintas en el banquillo, dos años en los que el verano ha dado paso a un cálido otoño, con sus días desapacibles -es otoño, al fin y al cabo- y otros que recuerdan al largo, larguísimo verano.

En la primavera que procedería al verano, Messi floreció. Muchos pensamos que no superaría el invierno, pero hubo algo en esos meses fríos que lo fortaleció. Luego, la sabia mano de un agricultor que vio en él el fruto sagrado, jugoso e inacabable, hicieron el resto. A su cobijo, crecieron toda una serie de futbolistas que le deben tanto a Leo como muy posiblemente les deba él a ellos. En ese equilibrio solidario, hoy tú me das el pase y mañana yo te lo devuelvo, se llegó al verano, donde se recogieron los frutos del trabajo bien hecho.

Dos años han pasado y todo parece patas arriba. El huerto saqueado, Messi marchito, el agricultor en la tierra del panzer y sin nadie que tenga la más mínima intención de plantar o arar la tierra para futuras cosechas. Cada día que transcurre en esta situación de inmovilidad consciente aleja el verano como si, emulando al horizonte, siempre corriera más rápido que los que lo persiguen, aunque no haya nadie que lo haga esprintando. Y quizá lo más preocupante no se halle en el trote distante, apático y carente de pasión que exhiben los once debajo de los focos, sino la inexcusable procrastinación de aquellos que, viniendo de la mejor cosecha de la historia, aún hoy no saben qué hay que plantar o con qué agua regar, si les convencen los que aran la tierra o si es savia nueva la respuesta. Es esa indecisión, más propia del alumno que espera al último día para estudiar el examen, la que está echando sal a la tierra, la que aleja paulatinamente el verano, la que amenaza con días muy fríos y secuestros de astros. Es en la duda donde Messi, otrora raíz y fruto, tallo y hoja, se marchita irremediablemente. Es la más absoluta dejadez y dimisión de las responsabilidades lo que atrae, como si se tratara de un imán gigante, al crudo invierno.

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