Pongamos que hablo de De Bruyne

Hace tiempo que viendo los partidos del Manchester City, como los dos últimos de la eliminatoria de octavos de Champions contra el Real Madrid, me pregunto cómo es que Kevin De Bruyne no está en un grande de Europa. De esos de los llamados históricos, que dominan el palmarés de sus Ligas y lucen galones europeos en sus camisetas.

Y es que hace años que De Bruyne, que cumple su sexta campaña en el City, donde ha conseguido dos Premier League, cuatro Copas de la Liga, dos Community Shield y una FA Cup, está a un nivel superior. El belga es hoy en día un futbolista con todas las letras. Un jugador completísimo, que domina casi todas las facetas del juego moderno. Prodigioso a campo abierto y espléndido en las transiciones pero también inteligente en el juego posicional. Capaz de actuar sobre cualquier zona del campo, tan pronto mete un pase entre líneas o filtra uno de gol como tira un balón en largo o se asocia en corto para combinar, que presiona y recupera.

Siempre acompasado, al ritmo que demanda cada fase de un partido, el belga ha pasado de ser ese atacante eléctrico de 18 años que rompía líneas en conducción que destacaba en la Bundesliga, donde jugó cedido por el Chelsea de Mourinho en el Werder Bremen primero y el Wolfsburg después, a convertirse ya vestido de citizen –el Manchester City pagó por él 76 millones de euros en el verano de 2015-  en un interior total, omnipresente, que influye y lee el juego como pocos.

“Guardiola me ha hecho entender el fútbol de una manera más sencilla”.

Y todo, sin las excentricidades que comúnmente se asocian a lo que rodea al fútbol actual. Con esa tranquilidad, normalidad y naturalidad que su entrenador, Pep Guardiola, destacó en su día de Andrés Iniesta o de su hoy compañero de equipo Rodri: ‘‘no lleva pendientes, no se pinta el pelo…’’.

Hecho para la Premier

Sucede que a sus 29 años, parece que Kevin De Bruyne está hecho para jugar en la Premier, una competición que respeta como ninguna al jugador, al entorno y al negocio, aunando tradición con modernidad, historia con novedad. Un hábitat que le ha permitido expresar todo su potencial, donde puede desarrollar todas sus virtudes en cada partido y que ahora, en plena madurez como futbolista, no parece que vaya a cambiar por otra aventura extranjera.

De ser así, siempre nos quedará la duda de cómo se habría adaptado a LaLiga en Madrid o Barça o la Serie A en Juve o Inter, por ejemplo.

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