Julio Alberto: a la calle sin honor

De un centro suyo nacieron las butifarras de Schuster en Zaragoza, un gol suyo provocó que el Camp Nou en pleno ‘se tirase’ al foso… Sus carreras eléctricas por la banda encendieron pasiones en un tiempo, una época, que el Barça transitaba entre la ilusión y la decepción. Era, en cierta manera, un Alves zurdo. Un espíritu libre y enloquecido. Uno de los nuestros. Es Julio Alberto.

Ayer, 29 de julio, quienes no estábamos al tanto de su presente pero manteníamos su figura en el club descubrimos que ya no está, que acordó con algún responsable de la entidad, de nombre inconcreto, su salida, su despido. Finiquito y a la calle. El Barça no es una ONG. El Barça… ¿Qué es el Barça?

Para un veinteañero, Julio Alberto puede ser simplemente un nombre del pasado. Para quienes le vieron jugar es, por fuerza, otra cosa. Valorar su trayectoria personal está de más. A quien no la conozca no le costará averiguar como tiró por la borda su vida y, también, como hace años una junta recuperó su figura y le devolvió las ganas de vivir. Cierto es que no era hoy un gran activo profesional en el club, pero su figura, sentimental, se mantenía ahí, en segundo plano pero en cierta manera presente.

El Barça ha echado a Julio Alberto. Sin más. Los que controlan el día a día del club, que parecen estar muy por encima de su esencia, son los que deciden quién y cómo debe representar al barcelonismo. Y, por lo visto, él no entra en sus parámetros.

Entre 1982 y 1991 jugó 299 partidos de azulgrana. Llegó a tiempo, justo, para vivir en primera persona el nacimiento del Dream Team y Cruyff, con una mano izquierda insólita, le abrió la puerta de salida pocas semanas después de ganar la primera Liga de aquella época. Dejó atrás nueve años y un sinfín de imágenes atadas al recuerdo. Desde Maradona y hasta Stoichkov, de Lattek a Cruyff, nadie en el vestuario pudo nunca reprocharle su entrega.

Sin ser consejero presidencial, es una figura sentimental, una leyenda, un ídolo del pasado. Y las leyendas merecen una consideración. No un despido con finiquito. Porque el Barça… ¿No es més que un club?

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