Cuestión de ego

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Si en el término medio está la virtud, Johan Cruyff es la excepción que confirma la regla. Al holandés volador no se le conocen medias tintas. Él responde ante los micrófonos de la misma forma en la que lo hacía en la cancha o en los banquillos. Brutal honestidad, siempre al ataque, da la impresión que lo único que su boca mastica es el chicle, no las palabras. Palabras que, como bien conoce la Junta actual, tienen un poder del que Johan es consciente. Un poder que le gusta, que alimenta ese insaciable ego que lo acompaña. Con aparente indiferencia, deja titulares de los cuales se habla largo y tendido en las infinitas tertulias que inundan hoy los medios.

«Neymar es el problema del Barça» declaró ayer el entrenador del Dream Team en Kuala Lumpur, donde se encuentra para asistir a la gala de los Laureus. «No se puede fichar a un chico de 21 años y que cobre más que jugadores que lo han ganado todo» justificó. Cruyff tiene toda la razón del mundo en este aspecto ya que, aunque el Barça se empeñe por activa y por pasiva a negarlo, los ingresos que ha percibido o recibirá el brasileño del club superan a los de sus compañeros, esos que han llevado al equipo a un podio del que se resiste a bajar. La operación, el legado deportivo de Sandro Rosell –al cual tenía que acompañar el proyecto faraónico del nuevo campo, un fastuoso mausoleo en su honor para cuando abandonara el cargo–, fue desastrosa económicamente, tanto que se ha llevado por delante al que tanto la persiguió, y muy poco inteligente deportivamente por las razones que expone Johan.

Sin embargo, es difícil no ver en las palabras de Johan el constante ajuste de cuentas con la Junta que lo humilló apartándolo de la presidencia de honor. Resquemor que es, evidentemente, mutuo. Sí, Neymar es un problema, pero dista años luz de ser el problema. El brasileño no jugaba en 2012 ni tampoco lo hizo en la primera mitad de 2013, temporadas en las que el Barça no era más que una caricatura de sí mismo, en las que confundió el medio con el fin. Deportivamente, Neymar debería ser una solución a parte de esos problemas que acarrea el juego del equipo, lejos de ser un palo en la rueda de infinitos radios. Que hoy en día su aportación no se corresponde ni a su precio ni a su nombre no significa que el dudoso rendimiento futbolístico azulgrana tenga en él su epicentro. Los males del Barça trascienden la decepción que está siendo el brasileño, defectos que van mucho más allá de un jugador que está claramente sobrepagado para lo que ha demostrado y de los que Cruyff es plenamente consciente. Otra cosa es que, para su ego, resulte mucho más práctico cargar contra la directiva –para lo que hay mil motivos, no sólo Neymar– haciendo un análisis simplista que volver la vista atrás y ver que los problemas se vienen arrastrando desde mucho antes de la llegada del brasileño.

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