A la vez que conocemos el embarazo de Andrea Fuentes y cuando las Españas aún se revolucionan con la confesión de Ona Carbonell, Irene Montrucchio anuncia en voz baja que se marcha, que lo deja, que se retira de la selección. Comenzó junto a Clara Basiana, ya a la sombra de Ona y Paula Klamburg en un campeonato de España alevín, en Mallorca, en el verano de 2002 y desde entonces y hasta hoy nadó, muchas veces, muchísimas, contracorriente en busca de un sueño. Lo cumplió, se dio por satisfecha y comenzó a entender que ya era suficiente.

Irene ganó a su constitución física, no tan delgada como sus amigas y compañeras, y escuchó no pocos gritos. Pero no de Ana Tarrés, porque ella siempre lo sufrió, desde que Anna Vives comenzó a moldearla en edad alevín, pasando por Lluïsa Zorrilla, Anna Vega, Beth Fernandez, Ana Montero… Los 2000 metros de Clara precisaban ser 2500 para Irene; las 200 abdominales de Paula eran 250 en el caso de Ire y los pasteles que sus compañeras se comían sin que ella las viera para no fastidiarla eran, claro, fruta prohibida.

DibujoPero su tesón la llevó a la Blume primero y al CAR después. Cuando no pocas de sus amigas arrojaron la toalla, ella siguió adelante. Y un buen día cambió las medallas de categoría junior por las de categoría absoluta. Cayeron Mundiales, europeos y el sueño ideal: los Juegos Olímpicos. ‘Te imaginas que…‘ se sonreía con sus amigas de toda la vida cuando era una cría y coleccionaba campeonatos de España con el Kallipolis. ‘Te imaginas que un día es de las grandes?‘ y las carcajadas en el comedor las tenía que frenar, a gritos (siempre gritos) la entrenadora de turno.

Irene no lo dirá nunca pero quien la conoce lo sabe. El ‘maltrato‘ de Anna Tarrés fue su mejor medicina desde el día que entró en el CAR. Al poco de abandonar, harta, Laura López, ella tomó su lugar. Fue la nueva ‘gordi‘ de la selección. Y como la vallisoletana, que dijo basta en cuanto se colgó la medalla olímpica en Pekín, Irene Montrucchio fue la ‘extraña sirena‘. Y se lo ganó todo. Absolutamente todo.

Con el cambio de mando la situación también cambió. Perdió aquella presión asfixiante pero a la vez también perdió ‘algo’. De golpe se vio fuera del equipo y no comprendió que su trabajo no fuera recompensado. Y entendió que se acababa el tiempo. Cerró el ciclo sin una mala palabra, con la mejor de sus sonrisas y apenas confesando a sus íntimas la decisión de abandonar tras el Mundial de Barcelona.

En el equipo se sospechaba aunque solamente Ona y Clara estaban al tanto de su decisión. Ella, sus padres y dos o tres amigas más. Se marchó de vacaciones y lo anunció a su regreso, once años y dos meses después de su primer campeonato.

Los focos se centran en Ona Carbonell y a su sombra seguiá trabajando en silencio el resto de la selección. Con el mismo ímpetu de siempre y las ganas inalterables. Del adiós de Irene Montrucchio apenas nadie hablará.

Pero el recuerdo de su sonrisa, de su trabajo, de sus llantos de rabia o felicidad y de su tránsito por la natación sincronizada permanecerá. Al menos para quienes tuvieran la suerte, inmensa, de coincidir con ella.