Iniesta toca a rebato y el Barça es campeón de Copa

El Barça se ha proclamado campeón de la Copa del Rey tras vencer por 2 goles a 0 al Sevilla en una final en la que tuvo todo en contra y debió echar mano de su gen competitivo. Jordi Alba y Neymar perforaron la portería sevillista en la prórroga después de que el equipo de Luis Enrique, que cierra su segundo año con otros tantos dobletes, jugara con un hombre menos durante 85 minutos.

Arrancó el partido como esperaba Emery, con el Barça presionando y yendo hacia arriba y su equipo jugándoselo todo a la carta Gameiro para que este aprovechara su velocidad y los balones descolgados por Iborra. En una de esas jugadas, Mascherano derribó al francés al borde del área y acabó expulsado por un árbitro, Del Cerro Grande, que pareció olvidar las tarjetas amarillas en la caseta. Era el minuto 35 de partido y la final se ponía cuesta arriba.

Luis Enrique resituó al equipo, introdujo a Mathieu por Rakitic y dio un paso atrás para esperar al Sevilla, como si fuera consciente de la incapacidad de los andaluces para esgrimir otras armas que el contragolpe. Pese a que Banega estrelló un balón en el poste, el equipo de Emery pareció absolutamente romo y sin ideas y permitió que el Barça fuera resurgiendo a través de su columna vertebral. Primero fue Ter Stegen mandando a córner el disparo de Banega en la falta que supuso la roja a Mascherano y después, y durante muchos minutos, un imperial Gerard Piqué que se siente como pez en el agua en cualquier final que disputa.

El aguante del Barça empezaba a sonar a épica, y todavía más cuando a los diez minutos del segundo tiempo Luis Suárez tuvo que abandonar el campo lesionado. El técnico asturiano, que no quiso romper el tridente tras quedarse con diez, metió en el campo a Rafinha y el equipo se equilibró, dispuesto a soportar lo que hiciera falta. Y entonces apareció Iniesta para tocar a rebato y dar una lección magistral sobre el césped del Calderón, desequilibrando cuando hacía falta y dejando en evidencia a sus rivales una y otra vez. No dio Andrés un mal pase, bien apoyado por un Neymar que entendió su nuevo rol tras la lesión del nueve uruguayo y sacó de quicio a Remi y sus compañeros de línea.

Una incursión del brasileño equilibró las fuerzas cuando Banega, ya en el tiempo añadido de la segunda parte, le derribó para evitar que se quedara solo ante un Sergio Rico que acertó en casi todas sus acciones. 10 contra 10 y treinta minutos por jugar.

Y ahí, en esos minutos, es donde se despierta el hambre de los campeones. Iniesta seguía a lo suyo, driblando, pasando, recuperando balones… Pero faltaba Messi. Referencia arriba tras el infortunio de Suárez, el argentino tuvo la visión y la precisión necesarias para ver la llegada de un incansable Jordi Alba y meterle un balón profundo que el lateral envió a la red. Era el minuto 97 y el Barça volvía a ser dueño del partido.

Sin más sufrimiento que el que produce el cansancio, el once azulgrana se pertrechó atrás, esperando cazar alguna contra más y jugando con el reloj en el Calderón como lo haría el Atlético de Simeone. De nada sirvió la entrada de Konoplyanka ni la de un Llorente que entró en las estadísticas por una tarjeta amarilla, porque de nuevo Messi, ya a punto del final, sirvió un balón mágico a Neymar para que el brasileño cerrara la final y la temporada con un magnífico doblete.

El Barça es campeón de copa con más épica que juego, con ese carácter competitivo que impulsó Andrés Iniesta cuando tocó a rebato. Porque dicen que Andrés, como canta el himno del Sevilla, nunca se rinde.

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