Información y moción de censura

A vueltas con la moción de censura a la junta del Barça me ha venido a la memoria ‘Headliner: Novinews’, un videojuego que pone al jugador en la piel del redactor jefe de un periódico para que pueda elegir qué noticias deben publicarse cada día sobre diversos temas de actualidad. Hasta ahí, nada que se aleje de su función real. El gancho del juego llega cuando el director del periódico comienza a sugerir al jugador qué publicar y qué no: un artículo elogioso sobre un producto ignorando sus posibles efectos negativos solo porque la empresa paga publicidad en el medio, noticias sesgadas sobre relaciones y conflictos internacionales, piezas contra los inmigrantes… El jugador decide y en otra parte del juego ve, en la persona de su hermano, cómo afectan esas decisiones a la vida real de la sociedad, convirtiendo el desarrollo de la partida en un tema relacionado con los valores morales de cada uno.

Viene esto a cuento de lo que ha ocurrido en estas últimas semanas con la promoción del voto de censura contra Josep Maria Bartomeu y su junta directiva. Esta mañana, mucha gente se habrá sorprendido al ver en las portadas de la prensa deportiva que más de 20.000 socios del Barça han dado su firma a la moción de censura. “¿De dónde habrá salido esa moción si hasta ahora solo me informaban sobre Messi, Koeman, Depay y Wijnaldum?”, se preguntarán.

Cuando un club tiene más de 150.000 socios es normal que existan perfiles que vivan el barcelonismo de una forma muy distinta. Hay quien solo presta atención a los partidos y desconecta del entorno y, por contra, quien consume con voracidad cualquier información que contenga la palabra ‘Barça’, ya hable de Messi o del resultado del Cadete B de baloncesto.

Otros hacen de su militancia una liturgia consistente en acudir al Camp Nou cada quince días –como hacía su padre y, antes, su abuelo– para gritar en el estadio, soltar el ‘xuta burru!’ al jugador de turno, comerse el bocadillo, desahogarse un rato y volver a casa 15 minutos antes del final para no encontrar tráfico y rajando del jugador X (pongan el nombre que quieran) porque no corre.

También existe un grupo ancestral de crédulos que aceptan como verdad bíblica lo que leen en la prensa. “Ho diu l’Sport”, rezaba un viejo eslogan en este sentido. Es este un tipo de gente que en su día creyó que Neymar costó 57 millones y punto o que se ilusionó con la llegada de Bergkamp, Keegan, Jardel o Batistuta sin cuestionarse jamás por qué no acabaron aterrizando en el Camp Nou.

El éxito de la recogida de firmas en favor del voto de censura contra Bartomeu y su junta revela que existe un nuevo perfil dentro de la masa social del club. Es un perfil seguramente más joven, alejado del establishment y en el que el mundo digital tiene un gran peso. Hacer que más de 20.000 socios del Barça respalden de forma activa una iniciativa como esta en época de pandemia y sin fútbol en el estadio deja claro no solo que el socio blaugrana está vivo, sino también que no se puede dar la espalda a la nueva realidad que supone la comunicación a través de las redes sociales.

Y ahí, el periodismo tiene mucho que decir. Resulta bochornoso comprobar que los editores jefe de los ‘Headliner: Novinews’ que rodean al Barça han olvidado que el principio básico de esta profesión no es otro que contar lo que sucede. Ahora no vale decir que no se dio cobertura informativa a la moción de censura porque no veían posible que consiguieran su objetivo. El deber de la prensa es explicar qué pasa, no ocultarlo creyendo que no irá a ningún sitio.

Ocurre que hoy se trabaja de una forma tan precaria (EREs, despidos masivos, sueldos vergonzantes, externalización de servicios a empresas sin experiencia que trabajan a destajo en busca del clic…) que los muchos y buenos profesionales que trabajan en los diarios tienen poco que decir.

Aquí manda el director (rodeado de su cohorte de estómagos agradecidos) y la línea editorial la imponen la manta, la cubertería y el chubasquero del Barça, flotadores a los que se ase un sector que entre el euro y el rigor se ha decantado claramente por el negocio. Los periodistas de a pie, los que han sacado adelante los periódicos durante años trabajando como nadie, tienen poco que decir. Son supervivientes y merecen un respeto que muchas veces no les mostramos.

A todos nos toca ahora explicar a los socios sorprendidos por las portadas cómo se ha llegado hasta aquí. Si somos capaces de hacerlo, algo habremos avanzado, aunque sea hasta la próxima promoción.

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