Guardiola se equivocó

Guardiola se equivocó. Esperó hasta el mes de mayo para decidir -o al menos para hacer público- si seguiría o no al frente del Barça en la temporada 2012-13. Quiso manejar los tiempos del mismo modo que manejaba el vestuario, la alimentación, la preparación física, las concentraciones en días puntuales o los viajes del primer equipo el mismo día de los partidos.

Guardiola se equivocó también fichando. Se empeñó en incorporar a Chigrinskiy viendo en el ucraniano unas características que no pudo o no supo demostrar en el Camp Nou. Trajo a un Hleb que todos habríamos firmado a tenor de lo mostrado en el Arsenal, pero a quien le vino grande la camiseta azulgrana. Fichó también a Cáceres, se deshizo de dos brasileños (Keirrison y Henrique) que vinieron sin su aprobación, no quiso firmar a Özil, sustituyó a Eto’o por un Ibrahimovic que a media temporada dejó de funcionar y acabó como el rosario de la aurora y se empeñó en traer a un Alexis Sánchez que, curiosamente, ha empezado a destacar sin él. El resto de incorporaciones de su etapa (Keita, Dani Alves, Piqué, Pinto, Maxwell, David Villa, Cesc, Adriano y Mascherano) fueron, probablemente, también errores.

Guardiola se equivocó levantando un equipo hundido y que venía de sufrir un humillante 4-1 en el Bernabéu. Erró incorporando dos imberbes directamente desde la tercera división y situando a Messi como falso delantero centro. Y también metió la pata lamentablemente logrando que sus jugadores no sólo ganaran 14 títulos, sino que lo consiguieran jugando como nadie lo hiciera antes.

Guardiola se equivocó defendiendo a sus jugadores cuando fueron acusados de ser teatreros y de doparse, y erró cuando dio la cara por el club mientras desde las alturas se miraba para otro lado, se decía estar “muy enfadado” o se aceptaban 200.000 euros como compensación cuando en la demanda se pedían seis millones.

Guardiola se equivocó abandonando el barco al pensar que no tendría el apoyo necesario para tomar las decisiones sobre la plantilla que hoy, dos años después, aún nadie ha ejecutado.

Guardiola se equivocó no concediendo entrevistas, pese a que en sus ruedas de prensa contestara siempre a todo y durante el tiempo que hiciera falta, y eso hizo que algunos fueran anotando los agravios en sus cuadernos de anillas, ahora desempolvados.

Guardiola se equivocó tomándose un respiro de un año para acabar yéndose al Bayern de Múnich, un equipo que ha pasado de ser el simpático alemán que eliminaba siempre al Real Madrid a poco menos que un conjunto odioso.

Guardiola se equivocó, una vez más, porque durante cuatro años de trabajo osó desterrar el cainismo intrínseco del barcelonismo, ese que siempre ha caracterizado al culé desde que, a finales de los años 50, se crearon bandos en torno a Ladislao Kubala y Luis Suárez.

Guardiola se equivocó, finalmente, al pensar que tenía derecho a seguir ganando con un equipo diferente del mismo modo que muchas personas piensan que tienen derecho a ser felices tras el fin de una relación de pareja. Pero en esos casos, la indiferencia no existe para la otra parte. Añoras lo bueno que tuviste y la pérdida provoca el deseo irrefrenable (más o menos manifiesto) de que tu ex no encuentre más que desdichas porque piensas, en tu fuero interno, que nadie puede hacerle más feliz que tú.

Sí, sin duda alguna, Guardiola se equivocó.

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