Gol a gol

“Si la idea es jugar como hoy, no hay que preocuparse. Otro día entrará el balón. Si la idea es jugar como el Barça, hay que preocuparse”. Tan simple y preocupante a la vez, la afirmación, de un periodista del prestigio de Miguel Rico, descubre el presente azulgrana, recuerda el pasado y alerta ante el futuro.

Adivinar la dirección de este Barcelona es un auténtico galimatías. Naufragó en Madrid con el pasado más esplendoroso (Xavi-Iniesta) y desapareció ante el Celta con la apuesta de futuro (Rakitic-Rafinha). Y en ambos casos con el ancla que debe enlazarlo todo (Busquets). El Barça del rondo fue atropellado en el Bernabéu para hacer mutis por el foro al siguiente partido, porque contra un Celta tan afortunado como serio y brillante en su personalidad se rompió y tomó el camino más directo.

Verticalidad absoluta, urgencia en llegar arriba, laterales profundos y falta de combinación. Existe la sensación y se enciende la sospecha de que el equipo de Luis Enrique está formado por un grupo de excelentes jugadores con un alarmante déficit colectivo. Se ataca y se defiende sin que el balón circule con calma y sentido en el centro. Y ahí es donde se echa de menos la personalidad misma de un equipo al que Rijkaard primero y Guardiola después le devolvieron su denominación de origen indisimulada.

El Barça apostó, o le obligó el Celta, por un partido de ida y vuelta en el que se repitieron las oportunidades. Contadas las del equipo de Berizzo y continuadas las azulgranas, con Sergio o el travesaño evitando uno, dos o hasta tres goles que habrían apartado del plano ese cambio de personalidad que hace semanas se observa.

Donde antes corría el balón ahora corren los jugadores, donde antes había pausa ahora hay desequilibrio. Y llegó un momento en que Messi se reinventó en su versión menos barcelonista, retrasándose hasta el centro del campo para iniciar una jugada que en condiciones normales sería labor de esos centrocampistas invisibles que perdieron toda su trascendencia. Incluso Neymar lo hizo en un par de ocasiones mientras que Rakitic, ahora a la izquierda ahora a la derecha ahora en sitio de nadie, pasaba desapercibido de manera absoluta.

“El Madrid juega parecido al mejor Barça mientras el Barça quiere ser el viejo Madrid”, escribió en El País Ramón Besa en un aviso claro de cual es el presente del equipo azulgrana. El entrenador lo resumió todo en las oportunidades perdidas ante portería pero no entró a valorar tras el partido ante el Celta la cuestión de fondo: el juego.

Con futbolistas como Messi, Suárez y Neymar es evidente que la moneda caerá a favor en muchos partidos. Su indiscutible calidad y capacidad goleadora se bastarán para ganar a la mayoría de rivales… ¿Pero al Barça le basta con eso?

Gol a gol se solucionan muchos interrogantes. El principal, sin embargo, va más allá. Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que la filosofía del Barça era innegociable. Ahora no lo parece.

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