Gerard Piqué destierra los complejos

Gerard Piqué es un tipo singular, único y muy suyo. Pero es también un tipo que transmite mejor que nadie el espíritu del barcelonismo de las nuevas generaciones. Tras la derrota del sábado ante el Real Madrid, la culerada de toda la vida, la del “ai, que patirem!”, comenzó a ver fantasmas por todas partes. El primero, el de Udo Lattek.

Siendo como ha sido siempre la afición barcelonista adicta al masoquismo y a la autocompasión, le ha faltado tiempo para empezar a creer a pies juntillas eso de que el equipo tiene dudas y que casi es mejor no competir en la Champions League porque está al caer la victoria de los blancos. 39 partidos después, el Barça volvió a perder tras descoserse en el segundo tiempo y desconcentrarse con la misma facilidad con que los bebés quedan absortos por el ritmo de las imágenes de los anuncios de la tele. Baño y lección de Zidane, dicen. Pues mire, yo no compro.

Más amigo de hablar directamente con sus seguidores que ante la prensa, no podemos negar que cada vez que Piqué comparece ante los medios nos regala un festín de titulares. El no capitán del Barça se convierte en las ruedas de prensa en un tipo locuaz, expresivo y capaz de decir lo que piensa con la máxima naturalidad del mundo.

Gerard Piqué dice las obviedades que pronunciaría cualquier culé crecido en la reciente y ganadora historia blaugrana pero que pocos se atreven a afirmar. No le falta razón al decir que en los años 80 el barcelonismo se tomaba las victorias contra el Madrid como un título y que ahora las cosas van al revés, ni tampoco al afirmar que el Atlético de Madrid es, hoy en día, el segundo equipo de España.

Piqué es la imagen de ese barcelonista joven y desacomplejado que, educado en la victoria y seguramente por eso, despierta odio entre los rivales y amor incondicional entre los suyos. El mejor ejemplo de ese espíritu se resume en una frase pronunciada hoy para sacar del derrotismo al aficionado pesimista: “no tenemos que reanimarnos ni física ni anímicamente porque estamos fantásticos en los dos aspectos”.

Inteligente como pocos, Gerard Piqué es de los que dice lo que piensa y también, más a menudo de lo que creen quienes se ofenden con eso, de los que piensa lo que dice. No es infalible, ni perfecto. Se equivoca como todos, pero también sabe como nadie pronunciar las palabras adecuadas para motivar a la parroquia.

Piqué siempre está en los medios y se siente cómodo con eso. Cuando habla, porque habla; cuando no, porque le pitan, se enchufa a Periscope o se pica con algún conocido. Un día, cuando se retire del fútbol, buena parte de la prensa le echará de menos, pero sobre todo le añorará esa generación de barcelonistas que se ven reflejados en el optimismo que destilan sus mensajes.

Hoy, Gerard Piqué habló y no subió el pan, sino el ánimo de su afición. Veremos qué efecto tiene.

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