Ganar sin Manning

Desde el regreso a la NFL de Peyton Manning tras pasar lesionado todo el año 2011 y que su retorno fuera puesto en duda en repetidas ocasiones debido a la naturaleza de su lesión cervical, el ex-quarterback de los Colts había silenciado indefinidamente las discusiones sobre una posible retirada a base de liderar una de las ofensivas más fructíferas de la Liga. Para ello sólo hay que fijarse en la temporada anterior en la que, con 37 años, los Broncos de Manning rompieron récords como el de pases de touchdowns (55), el de más yardas por aire (5477) y el de puntos generados (606), sólo antes de establecer lo que también sería una derrota casi de récord en la Super Bowl ante Seattle.

Las expectativas este año para Denver eran claras: jugar de nuevo en febrero, pero intentando que en esta ocasión no les tocara bailar otra vez con la más fea. Para ello se centraron en reforzar una defensa que, estadísticas al margen, se había comportado bastante bien. Los fichajes en la agencia libre de DeMarcus Ware, el veterano pass rusher de los Cowboys, y del safety T. J. Ward (ex de los Browns) pretendían dar una nueva dimensión a la defensa de los Broncos. Aqib Talib, el cornerback que estando sano había sido el mejor aliado de los planes defensivos de Bill Belichick, seguía el camino marcado por Wes Welker en 2013 y también cambiaba Boston por las Montañas Rocosas. Denver contaba así con una defensa cargada de talento para eximir de tantas responsabilidades como fuera posible a Peyton Manning.

La temporada 2014 de Denver, a falta del partido que disputarán este domingo en el Mile High ante Oakland, tiene dos partes bien diferenciadas: antes y después de Foxborough. Los Broncos llegaban 6-1 a Boston, con sólo una derrota en la prórroga en Seattle después de un muy buen último cuarto, y lo hacían ante unos Patriots (6-2) que empezaban a despegar tras dejar atrás un inicio en el que se cuestionó hasta a Brady. El encuentro fue otra exhibición de músculo de los de Nueva Inglaterra (43-21), que destrozaron a una defensa que venía encajando una media de 20.3 puntos por partido y que se fue al descanso habiendo permitido 27. El ataque de récord dirigido por Manning se había quedado en siete.

Brady (12) y Gronkowski (87) celebran la anotación de este último en la victoria de los Patriots ante Denver por 43-21 (2/11/2014). La derrota y, sobre todo, la forma en la que cayeron,  ha condicionado el resto de la temporada para los Broncos.
Brady (12) y Gronkowski (87) celebran la anotación de este último en la victoria de los Patriots ante Denver por 43-21 (2/11/2014). La derrota y, sobre todo, la forma en la que cayeron, ha condicionado el resto de la temporada para los Broncos.

La derrota fue tan absoluta que cambió el rumbo de la temporada de los Broncos. Pasaron de ser un equipo en el que Peyton Manning era el coordinador ofensivo de facto a uno de los ataques más insistentes por tierra de la Liga. C.J. Anderson, corredor de segundo año, vio aumentados significativamente su número de intentos: de promediar 2.4 por partido hasta el partido de Foxborough a 21.3 después (un incremento del 887.5%), aupado tanto por el cambio en el gameplan como por las lesiones en el backfield de los Broncos. Manning vio disminuida su cifra de intentos de pase sin que el casillero de victorias de los Broncos se resintiera por ello. Sólo ante los Rams, dos semanas después de la debacle de Nueva Inglaterra, se dejaron otra victoria en un día en el que sólo pudieron correr para unas míseras 28 yardas. En los siguientes cuatro partidos, como si esa nueva derrota los hubiese convencido aún más de lo que debían hacer, los Broncos corrieron para una media de 164.75 yardas por partido.

Esta revolución en el ataque parece obedecer a un deseo de lograr el ataque equilibrado que tienen en otros lugares, básicamente en Nueva Inglaterra. Es tradicional ver a Tom Brady ceder muchos de los snaps a sus corredores (y también TDs que, de haberse quedado para él, lo tendrían cerca de Manning en esa lista) y partidos enteros en los que los pases de Brady son testimoniales. Más que los Patriots, el ejemplo perfecto este año de ataque equilibrado es el que tienen en Dallas: Romo detrás de una línea ofensiva de libro de texto y con jugadores como Bryant, Williams y Witten recibiendo sus balones por un lado y por el otro DeMarco Murray con una alta carga de intentos por partido.

Tanto Dallas como New England cuentan con dos de los mejores ataques de la Liga, por lo que el intento de lograr establecer en Denver una ofensiva de similares características es totalmente legítimo. Sin embargo, hay que cuestionarse cuáles son los ingredientes de cada plantilla. De Dallas ya hemos hablado y en Boston hay otra aproximación que llevan poniendo en práctica muchos años: corredores casi desconocidos que se van intercambiando y cuyo mayor atributo es seguir a rajatabla los agujeros diseñados por los entrenadores, receptores sin mucho calado a excepción de Gronkowski y los años de Randy Moss y una línea ofensiva que responde a las exigencias sin estar plagada de primeras rondas de draft. Brady no tiene diez segundos para lanzar como puede tenerlos Romo, pero tampoco los necesita ni él ni el gameplan.

C. J. Anderson (22, en el centro de la imagen) se ha convertido en el centro del ataque de los Broncos desde la derrota ante los Patriots
C. J. Anderson (22, en el centro de la imagen) se ha convertido en el centro del ataque de los Broncos desde la derrota ante los Patriots.

En Denver las cosas son distintas. Si bien C.J. Anderson lleva una segunda mitad de temporada poco menos que espectacular, Peyton Manning no parece sentirse cómodo en su nuevo rol. Acostumbrado a ser el centro del ataque, delegar tal cantidad de snaps en sus corredores lo saca de ritmo. A sus 38 años, Peyton no ha contado prácticamente nunca con un juego de carrera establecido: el futuro de sus equipos dependía casi exclusivamente de sus actuaciones, para bien o para mal. Con esa edad, difícilmente logrará adaptarse a lo que Brady o Romo llevan haciendo durante años. Manning leía defensas, hacía ajustes y lanzaba balones. Ahora las jugadas vienen cantadas por el auricular, sus muletillas que tanta relevancia adquirieron en el pasado (como el famoso “Omaha) ya no se escuchan y las pelotas que lanza cada vez son menos y peores.

El descenso de la fuerza en el brazo con el que lanza de Manning ha sido patente desde su regreso a la Liga. La calidad de sus lanzamientos ha sido dudosa incluso el año anterior en el que rompió tantos récords. Peyton lanza montones de ducks, que es el nombre por el que se conocen en Estados Unidos a esos balones que bailan en el aire en vez de seguir la furiosa espiral que tienen los pases de Brady o Rodgers, por dar dos ejemplos. Eso no había sido mucho problema hasta ahora, ya que Manning siempre había estado excelente en colocación del ovoide. Ahora ya no es así. Estas últimas semanas estamos viendo a un Peyton fuera de ritmo cuya cantidad de pases que se quedan cortos o que no van hacia dónde tienen que ir va en aumento.

Este hecho se pudo comprobar en la debacle ante Cincinnati del pasado lunes, pero algo parecido había sucedido ya ante Buffalo o en Kansas. Contra los Bengals, sin embargo, fue más notorio por dos razones principalmente: porque su equipo perdió y por las cuatro interceptaciones. Y eso que Manning (28/44, 311 yd, 2 TD y 4 INT) no hizo un partido sensiblemente peor al de los dos ejemplos expuestos anteriormente, pero sí estuvo atroz en el momento en el que casi nunca fallaba. Cuando abandone la Liga, Peyton será uno de los mejores jugadores de último cuarto de la historia del deporte y sus remontadas se contarán a decenas. No obstante, el lunes en Cincinnati fue todo lo contrario: con los Broncos por delante, fueron los pases de Manning los que entregaron el partido a los Bengals. Pases impropios de él, no sólo por la nula calidad en la colocación de la pelota, sino por la horrible lectura de la defensa que lo llevó a ser interceptado en los momentos clave.

La defensa de Cincinnati leyó a la perfección a Peyton Manning en el último cuarto del partido que los enfrentó el lunes (22/12/2014)
La defensa de Cincinnati leyó a la perfección a Peyton Manning en el último cuarto del partido que los enfrentó el lunes (22/12/2014).

Tratar de separar y evaluar como si fuesen factores independientes las últimas actuaciones de Peyton con el cambio en el gameplan de los Broncos resulta complicado. En Denver han creado un problema que no existía: en Foxborough no se perdió por Manning. Y, en caso de haber sido así, un partido, por mucho que sea ante el rival más poderoso de la conferencia, no debería propiciar un giro de 180 grados en un ataque que había funcionado de maravilla. Los fantasmas de la derrota en la Super Bowl siguen persiguiendo a un equipo que se ha olvidado de lo primordial: para perder la Super Bowl hay que llegar hasta allí. La derrota en Nueva York fue durísima, como lo fue ante los Patriots, pero pueden venir peores si Denver sigue insistiendo en su plan, que no es otro que ganar sin tener que recurrir a Manning.

Peyton es el que es, para bien o para mal, y no lo van a convertir en un nuevo jugador con 38 años. Se deben explotar sus virtudes y tratar de minimizar sus defectos sin, a su vez, hacerle perder lo que le ha hecho ser quien es. Es absurdo contar con el 18 detrás del center y pagarle una millonada para hacer algo que no es lo que mejor sabe hacer. Tener un ataque equilibrado está muy bien, pero, al fin y al cabo, cuando los Patriots, los Packers o los Cowboys tengan que jugársela en playoffs, van a recurrir a Brady, Rodgers y Romo respectivamente y va a ser el nivel de estos los que permita avanzar o no a sus equipos. Minar la confianza de tu QB en aras de lograr un mejor ataque no es el más inteligente de los movimientos.

Y menos a pocas semanas del inicio de los playoffs.

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