Ganar a la desconfianza

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¡Que bien sientan 3 puntos! El frío invierno británico ya ha llegado y uno se siente más arropado si suma de 3 en 3. Si queremos salir adelante lo necesitamos. Si pudiéramos encadenar dos o tres victorias consecutivas ya no sería una utopía quedarse en la Championship. Imagino que para nuestro entrenador, ganarle al equipo del que fue cesado supuso un subidón importante. Antes del partido leí por casualidad unas declaraciones suyas y decía que para él el partido contra el Birmingham era un partido más. Es algo que todos dicen, pero quien ha jugado a fútbol sabe que enfrentarte a tu ex-equipo siempre es especial. Y más si tu salida de ese sitio ha sido forzada. Me alegro que haya podido reivindicarse con una victoria porque no la podíamos necesitar más.

Ganar tiene un efecto balsámico porque personalmente no tuve un día para recordar. Salí de casa con un frío terrible y el coche, obediente la mayoría de las veces, no quería calentarse rápido. Paré a echar gasolina y me di cuenta de que al coche le faltaba una pieza. La atisbo a unos 100 metros de distancia y corriendo con el viento en contra a un grado de temperatura con el moco que asoma en forma de estalactita, con paso cortito para no resbalar y parecer todavía más ridículo. Parecía un pingüino. Llego a Blackpool y en una maniobra torpe le pego una rascada al coche. Aparco y pienso: “hoy no es mi día”. El míster da el 11 y estoy otra vez en el banquillo. Salgo a calentar y el campo parecía un patatal. El balón adquiría la forma de liebre silvestre. Ideal para mi. Como no ganemos me voy a casa y me meto en la cama, pensaba. No jugué ni un minuto, pero lo que os decía, ganamos. Aspirina para el ánimo.

La semana ha sido parecida a las anteriores. El no jugar entre semana da pié a trabajar más y mejor. Os dije que teníamos un partido programado para el martes. Y lo tuvimos, aunque duró 18 minutos. La verdad es que el rival no era una maravilla. Con todos los respetos, jugar contra chicos jóvenes de nivel dudoso no es una prueba demasiado desafiante. El hecho es que saqué un córner muy cerrado, y el portero se llevó por delante a su compañero y lo dejó noqueado. Menos mal que no le pasó nada importante, porque la ambulancia tardó 45 minutos en llegar. El hecho es que el experimento de partido duró muy poquito. Me supo mal porque volví a jugar con mis queridos Edu y Joan Oriol. Sufro por ellos y por los que no entran en los planes del entrenador. No es plato de buen gusto ver a gente pasarlo mal, especialmente si todos los que están fuera de juego son tus amigos en el equipo.

Mirando atrás y pensando todo lo que me ha pasado en mi carrera creo que he sido afortunado, porque he llegado hasta donde he llegado (a ninguna parte pensarán muchos) sin tener que pisar a nadie. El deporte profesional es muy competitivo, pensad en la cantidad de jugadores que hay… No sabéis la de veces que me han querido pasar por encima. Desde el típico veterano cabrón al que le da miedo perder su sitio y te amarga la existencia, al compañero que te ve competencia directa y habla mal de ti a las espaldas para intentar desacreditarte. Yo nunca he necesitado hacer eso. No sería capaz de hacerlo. Aunque honestamente creo que para llegar a lo más alto hay que tener los escrúpulos al nivel de la temperatura actual. Y ser muy fuerte mentalmente. Si dejas que alguien te gane terreno, es muy difícil recuperarlo. Hay gente que adquiere esa fuerza mental desde joven, otros como yo, más tarde, y hay otros que no lo consiguen. Estuve viendo un documental sobre el primer equipo de Messi cuando llegó al Barça. El infantil B. Los testimonios de los chavales que coincidieron con él entonces son demoledores en ese aspecto. Chicos que sufrían de migraña, que no dormían por las noches de los nervios de tener que ir a entrenar al día siguiente y pasar otro examen… Y eso con 12 o 13 años. Y una vez fuera de ahí, ya no existía la migraña, no había nervios.

Me pregunto si volvería a hacer lo mismo si tuviera que volver a empezar. Creo que si, porque amo este deporte. Pero sinceramente no se si lo querría para mi hijo si lo tuviera. Uno empieza jugando a esto para pasárselo bien, y tendría que ser así siempre. Pero yo pasé esos nervios cuando estuve en el Espanyol, ya con 12 años, y es fácil tirar la toalla. Tuve la suerte de irme a la Damm después y encontrarme con compañeros increíbles y buena gente que me devolvieron la confianza que había perdido.

En fin, que esto no es fácil aunque lo parezca. Ahora tengo la suerte de ir a entrenar con una sonrisa y pasármelo bien, con la responsabilidad de que en casa tenemos que comer cuatro, pero con la cabeza muy fuerte. En la vida te encuentras muchísima gente, mi padre siempre me decía: desconfía del que se te acerca el primero. Yo no soy tan radical, siempre doy una oportunidad a todo el mundo. Pero es cierto que mucha gente insegura intentará que desconfíes de ti mismo y te hará dudar. El secreto está en confiar al máximo en tus posibilidades. A veces es más fácil decirlo que hacerlo, pero es lo que intento. Ya sea en la oficina, o cuando te increpen 30.000 personas por fallar un gol cantado.

En fin… Por cierto, ya sabéis que soy el portavoz de Cubero. Sigue en Costa Rica recuperándose del tobillo, en principio podría estar disponible antes de Navidad si se recupera psicológicamente de haber perdido de nuevo a su peluquero, claro. ¡Se nos muda a Edimburgo! Todavía no le he dado la mala noticia porque el chico es muy sensible.

Abríguense bien que vienen días fríos, nosotros seguiremos trabajando para que el invierno sea más llevadero para nuestros aficionados..

¡Vamoooooosss!

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