Tras el último episodio de violencia, al fútbol español, en boca del presidente de la LFP, le ha dado, de sopetón, el ataque del bien. A través de la muerte de un ultra en la calle ahora ha descubierto que se deben tomar medidas en la grada y al señor Javier Tebas no se le ha ocurrido otra cosa que ponerse a vigilar lo que ocurre dentro de los estadios. Pero no habla de las monedas o botellines que pueden caer al césped, no. Su cruzada va más allá. Tanto que no ha temblado a la hora de asegurar que se perseguirán los cánticos ofensivos. Y punto.

“Hay mucha violencia verbal en los estadios y eso hay que erradicarlo. Se van a cerrar gradas o partes del campo donde se produzcan gritos, insultos e intolerancia de cualquier tipo contra jugadores o aficionados del equipo contrario” ha declarado el presidente de la LFP, insinuando que los clubes en cuyos campos suceda eso podrán ser sancionados no con simples multas, sino, más aún, con sanciones deportivas, resta de puntos y, en última instancia, descensos directos.

A partir de ahí, el tan manido grito de ‘Puta Madrid y Puta España‘ que se escucha en el Camp Nou provocará desde el vaciado de la grada hasta el descenso del Barça a Segunda División. Allí, claro, se encontrará con el Real Madrid, que pagará por los gritos de ‘Puta el Barça y Puta Catalunya‘. ¿El Madrid? No, por favor, el Madrid y una colección de clubes en cuyos estadios la cantinela se ha convertido en una razón de ser.

Allí irá a parar también el Espanyol dando cuenta que uno de los grandes ánimos que se escuchan en el Power-8 pasa por recordar a golpe de insultos al Barça y con todos ellos se encontrarán la inmensa mayoría de clubes, en cuyos campos el insulto al rival es la tónica habitual.

¿Hasta qué punto puede llegar esta tomadura de pelo? ¿Alguien se cree que van a erradicar esa mala educación como si nada? Lo malo es que lo proclama el mismo tipo que hizo carrera como ‘asesor’ de no pocos clubes, que entre otras cosas se le responsabilizó de la desaparición del Badajoz, que buscó alianzas varias cuando era el brazo derecho de Pitermann en el Alavés contra Messi, que ha hecho de la amenaza su modus operandi, que sigue proclamando su persecución a los amaños de partidos que siguen sin encausarse y que se mantiene ahí sentado alejado de la realidad diaria del fútbol.

Porque esta cruzada contra la violencia es la última mentira.

Por cierto. A su lado, en paralelo, en un último insulto a la lógica, le mantienen una tarjeta amarilla a un futbolista por recibir el impacto de un objeto lanzado desde la grada. Y el estadio en el que sucedió, el club, no ha recibido ni una notificación. No hay mucho más que decir.