La carta blanca de Florentino Pérez

En las últimas semanas han ido goteando las informaciones que vinculan algunas de las operaciones del Real Madrid a los intereses personales y de negocios de su presidente, Florentino Pérez. Qatar, Irán, China, Turquía, Costa Rica, Colombia, San Sebastián… Los movimientos del equipo blanco en diversos rincones del mundo –ya sea en forma de fichajes, de escuelas de fútbol o de partidos amistosos– acaban teniendo un reflejo, seguramente por casualidad, en la participación de las empresas de Pérez en diversos proyectos en esos países.

Pocas son las voces que osan levantarse ante el todopoderoso mandamás blanco, quien en la última asamblea de socios se las ingenió para, aprovechando su capacidad para instaurar el discurso único en la entidad, eliminar legal y estatutariamente la posibilidad de que a algún otro socio merengue se le pase por la cabeza aspirar a la poltrona, convirtiendo de facto al Madrid en una sociedad anónima con forma de club deportivo.

Bajo esas gafas que le cubren los ojos, la mirada de Florentino causa miedo. Nadie osa levantarle la voz y menos aún escribir algo que pueda molestarle o poner en cuestión alguna de sus decisiones. El presidente blanco –afín al poder, muy bien conectado con quienes mandan ahora y con la mano izquierda suficiente para tratar con quienes lo hacían antes– hace y deshace a su antojo sin mayor oposición que la de algún grupo de socios con más voluntad que influencia o la de algún grupo político minoritario en el ayuntamiento y el gobierno autonómico.

No le hacen falta apoyos al tiburón blanco a la hora de defender sus proyectos. Se sabe poderoso y no lo esconde, pese a que sus formas de cara a la galería siempre suelan ser elegantes. Tanto que, durante un tiempo, muchos socios del Barça envidiaban ese talante, desconociendo que tras esa fachada de caballero se esconde un tipo de ambición ilimitada, ávido de poder y que no desea probar de nuevo el sabor del fracaso. Lo hizo en 1986 cuando se embarcó en la ‘operación reformista’ y se presentó como candidato a las elecciones generales con el Partido Reformista Democrático de Miquel Roca i Junyent, cosechando su particular ‘alcorconazo’. Desde aquel día, Florentino Pérez se dio cuenta de que no era necesario ser político para tener poder e influencia; eso lo da el dinero.

Poder e influencia. Dos elementos que le han permitido invertir sin límites en el Real Madrid consciente de la intocabilidad de una institución que ha sido parte activa de algunas de las mayores operaciones inmobiliarias realizadas en Madrid en los últimos años.

Ayer, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TJSM) decidió paralizar cautelarmente la modificación del plan general de urbanismo de Madrid que permitía una ampliación del estadio del Santiago Bernabéu y que preveía la construcción de un centro comercial y cubrir completamente el recinto deportivo. Lo hizo amparando la petición de Ecologistas en Acción AEDENAT y después de que los magistrados tuvieran conocimiento de la incoación por parte de la Comisión Europea de un procedimiento en relación con una posible ayuda estatal al Real Madrid en dicha operación.

La decisión, que puede ser recurrida, paraliza por el momento un proyecto que plantea la construcción de un hotel y un complejo comercial y de ocio que incluye también una cubierta para todo el estadio. Aunque todavía no se conoce ninguna reacción oficial por parte del Real Madrid ni de su presidente, el Ayuntamiento de la ciudad ya ha expresado su voluntad de recurrir la decisión del TSJM, según informa la agencia EFE. El consistorio que preside Ana Botella, raudo y veloz, al quite.

Mientras, desde su sillón presidencial, Florentino Pérez contempla como llueve protegido por las manos que le sostienen el paraguas y, acariciando a su gato, sonríe y planea cuál será su próximo movimiento, su próximo fichaje… Y su próximo negocio.

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