Si Juve o Bayern no lo impiden, estamos a dos partidos de alcanzar el máximo duelo posible: una final de Champions en Berlín donde se enfrentarían Real Madrid y FC Barcelona. La final soñada, pero también la final temida. Sólo de pensar en ello, dan más escalofríos que a las hienas cuando pronunciaban el nombre de Mufasa en el Rey León.

Las conjeturas que se presentan en ese supuesto escenario son bestiales.

Para la UEFA, sería una ocasión única de obtener beneficios a través del ansiado enfrentamiento entre los dos máximos rivales de la Liga que domina en Europa (incluso el Sevilla se ha apoderado prácticamente de la Europa League). Hay antecedentes similares. Milan y Juve se enfrentaron en la final de 2003, mientras que Manchester United y Chelsea lo hicieron en la de 2008. Por tanto, con ese cromo se completaría una trilogía envidiable, si bien en este caso suena a duelo crepuscular al más puro estilo western.

Para el Real Madrid, supondría, además de evitar el ridículo de una temporada sin títulos, la oportunidad de añadir al palmarés de Champions, su undécimo cetro europeo. Una auténtica brutalidad que vendría a paliar en lo deportivo, la brutalidad perpetrada en lo económico por su mandamás, Florentino Pérez con cuya inversión cuyo ‘All-in‘ en este segundo mandato ha obtenido 1 Liga, 2 Copas del Rey y la ansiada ‘Décima‘ Champions League.

Desde esa fecha, el máximo enfrentamiento estaba anunciado. Sólo era cuestión de tiempo que se produjera. Ya hubo un par de conatos fallidos. Uno por enfrentamiento precoz en semifinales, saldado con victoria barcelonista: otro por la incomparecencia del Barça, derrotado ampliamente por el Bayern. Esta vez sí parece avecinarse esa final tan temida por unos como soñada por otros.

la final soñada

La final soñada echaría de menos a Raúl Albiol

Finalmente, para el FC Barcelona se presentaría una oportunidad única. De una tacada, optaría a su segundo triplete y ello, aceptando el reto de acabar con el último de sus agravios. Se presentaría en esa hipotética final con la opción de tumbar al máximo rival en su escenario favorito, en su competición favorita. Una oportunidad de oro que muchos temen, pero para la que ahora el Barça parece estar preparado y no sólo en el terreno futbolístico, sino también en el del –llamémosle así– poker-star system.

final soñada

Particularmente, pienso que puesto que el destino nos acecha hasta que tarde o temprano hemos de enfrentarnos a nuestros miedos, mejor hacerlo con Messi en tu bando. Y más aún si está en estado de gracia como demuestra el rosarino cada vez que se le antoja.

Es este un ‘Barça vengador’ con muchas cuentas que saldar, al que mueve un espíritu rebelde como el de Luis Enrique. Y es curioso que el fútbol le esté ofreciendo tantas revanchas en tan corto espacio de tiempo.

Si por la Real Sociedad fue dado por muerto allá por enero, por la Real Sociedad ha sido prácticamente coronado campeón de Liga apenas cuatro meses después. Si fue el Atlético de Madrid, el que acabó enterrando el año pasado el último vestigio del Barça triomfant, fue el propio Atlético en su doble enfrentamiento en Copa quien situó en la rampa de lanzamiento al nuevo Barça, y podría ser el Atlético de Madrid –si la huelga no lo impide– el que lo viera coronarse en Liga apenas un año después. Y si fue el Bayern quien lo machacó inmisericordemente el año pasado, puede ser también el Bayern el rival ante el que el Barça selle su pase a la final también un año después.

Puede que parezca un pecado de soberbia o de menosprecio al rival, pero es todo lo contrario. Es el mejor antídoto para acabar de una vez con la tiranía emocional que ejerce el Real Madrid en lo que llama ‘su competición’. Y todo ello en una final. Es acabar de un solo golpe con tu acérrimo enemigo y de paso condenarle al fracaso. Es superar el último complejo y fulminar los temores propios y ajenos que nos plantearía ese supuesto máximo enfrentamiento.

Y si hacer eso en una final soñada es pecado, quiero cometerlo a toda costa.