La FIFA ha anunciado hoy que mantiene la sanción que impide al Barça fichar en los dos próximos periodos de mercado y que había sido suspendida de forma cautelar hace unos meses. En la práctica, la decisión implica que el club dispone de once días (hasta el 31 de agosto) para realizar los fichajes que pueda antes de que el castigo entre en vigor. Además de imponer una multa de 450.000 francos suizos, FIFA ha concedido al FC Barcelonaun periodo de 90 días a partir de hoy para regularizar la situación referente a los futbolistas menores de edad”.

La confirmación del palo al Barça por incumplir la reglamentación que afecta a la incorporación de menores a su disciplina ha traído consigo la inmediata reacción del club, que ha hecho público un comunicado en el que anuncia que “continuará defendiendo sus intereses ante las máximas instancias jurídicas deportivas, en este caso el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS)”. En el documento hecho público hoy, el FC Barcelona añade que “no puede compartir de ninguna manera una resolución que atenta contra el espíritu de nuestra Masía, un ejemplo de formación académica, humana y deportiva, reconocida mundialmente”.

El recurso ante el TAS es la vía lógica y esperable, pero lo cierto es que tiene muy pocas opciones de prosperar. En este caso, no se trata de una interpretación de una norma, ni tampoco, como alude la directiva del Barça, de un ataque contra La Masía y su modelo formativo. Los hechos están claros: el club infringió una normativa, se la saltó a la torera y es más que probable que deba cargar con las consecuencias. Y más aún si tenemos en cuenta los resultados de las últimos envites que el Barça ha tenido que afrontar en diversas instancias judiciales.

Tras el paripé montado por el club –pancarta incluida– intentando enmascarar sus errores legales bajo un presunto atentado a su modelo formativo, la confirmación de la sanción no hace sino incrementar la gravedad de una situación generada por la incompetencia o la soberbia, según se mire, de quienes se ocupan de estos trámites. En su día, el FC Barcelona encontró sus chivos expiatorios en la gente que lleva el día a día de la cantera y evitó disparar por elevación y buscar responsabilidades en quienes realmente las tienen.

Hoy, una serie de chicos tienen comprometido su futuro como barcelonistas (el caso del coreano Lee es más que significativo) y el primer equipo deberá hacer equilibrios para reforzarse ahora con vistas al año próximo siempre que logre cumplir con los parámetros del Fair Play financiero. A menos, claro, que alguien decida, como con el caso de los menores, que la ley está hecha para todos menos para el Barça.

Si el TAS no obra el milagro, las opciones para el año próximo se limitarán a los chicos del filial, a Deulofeu, Denis Suárez (en función del contrato firmado con el Sevilla) y algún otro cedido, más allá de que, como se rumorea, pueda ficharse ahora a algún otro futbolista y cederlo a su propio club de origen. Algo de eso debieron intuir en Arístides Maillol si nos atenemos a la inversión realizada durante este verano.

Por el momento, el daño está hecho y afecta tanto a la planificación deportiva futura como, sobre todo, a la imagen del club en el exterior. La Masía es un centro de excelencia imitado por muchas instituciones, y los niños que residen allí reciben una formación humana, educativa y deportiva de primer nivel. Pero algo se ha hecho mal en el club y en lugar de desviar la atención hacia otro lado, estaría bien que, por una vez, alguien lo reconociera.