Feliz nuevo 2015

CLICK TO READ IT IN ENGLISH

Me gusta el fútbol por muchas cosas y una de ellas es porque te ofrece revancha en un abrir y cerrar de ojos. Pasé mi primer Boxing Day en casa, sin jugar, desde que llegué a Inglaterra y cuando peor me venían las cosas (llevaba cuatro partidos en el banquillo) las circunstancias me empujaron al campo, contra el Rotherham, y a partir de ahí es como si el mes anterior no hubiera existido. Disfruté contra el Aston Villa y volví a ser titular contra el Millwall. ¡Y por fin volví a jugar un partido entero! Si trabajas el fútbol siempre te da otra oportunidad.

Es curioso, pero este 2015 ha comenzado con mejor color, mejores sensaciones y más optimismo. Futbolísticamente, más feliz. Un año nuevo para disfrutar. Vamos a disfrutar, a pelear, a trabajar y a demostrar que podemos salir de esta.

En Sheffield, el Boxing Day, hubo dos lesiones y una expulsión, por lo que volví a la rueda, al menos del banquillo, contra el Rotherham. Sin tiempo a pensarlo, a los veinte minutos tuve que entrar por Perkins que se lesionó y las cosas me salieron más que bien. Logramos empatar casi al final. Y de ahí todo ha ido a mejor. Creo que aquellos fueron mis mejores minutos en casa desde que llegué a Blackpool y si es verdad que en la primera parte lo pasamos muy mal, después, en la segunda, dimos una imagen mucho mejor.

Claro que si empiezo por el final el subidón es importante. El partido contra el Millwall del sábado era una final absoluta. Sí, ya sé que tal y como estamos todos los partidos lo son, pero viendo la clasificación, ganar al Millwall era doblemente importante para que no se nos escapasen de forma casi definitiva. Tal y como está nuestro césped de Bloomfield Road (que esta es otra) jugar es difícil. Le llamo césped por decir algo, porque si alguien encuentra un metro cuadrado de hierba en condiciones le haré la ola. Yo lo busco y no lo encuentro, así que intento mantener la cabeza en alto y no preocuparme por ello. Luchamos, peleamos, nos estiramos, nos ayudamos, combinamos lo mejor que pudimos y, ¡por fin!, tuvimos la suerte de nuestro lado.

Si contra el Aston Villa había jugado casi todo el partido, el sábado ya jugué los 90 minutos y me sentí realmente bien. Eso es una delicia porque a la que la confianza te empuja, el ánimo se viene arriba y la pelota deja de ser una piedra. Si la mimas, ella te responde y en estos dos últimos partidos he notado que volvemos a tener química.

Esa suerte de la que hablaba hace un momento es la que nos faltó en Birmingham. En el Villa Park debuté con el Swansea en la Premier. Fue un dos de enero que no olvido porque Brendan Rodgers no me daba demasiadas oportunidades y viajamos el día anterior. Llevaba un cabreo curioso porque para ese día convocó a 21 jugadores y solía ser uno de los descartes, pero al llegar al hotel y en la charla posterior a la cena me cogió por banda y me dijo que sería titular: “Sé que apenas has jugado y no creo que te lo esperases, pero lo que sé es que sabes jugar al fútbol y es hora de empezar a demostrarlo”. Tal cual me lo dijo así. Aún me acuerdo porque desde luego que me sorprendió. Y ganamos. Fue la primera victoria fuera de casa del Swansea en la Premier y me salió un muy buen partido.

Pues al cabo de los años volvía a ese campo con el Blackpool en la FA Cup. Fantástico. Un campo precioso y un césped espectacular. ¡Jugar en un campo verde! Os aseguro que se nota, que lo agradeces, que te sientes diferente y rebajas la diferencia que pueda haber entre dos equipos de diferente categoría. Les plantamos cara, corrimos como leones y tuvimos tan cerca la victoria que al final la derrota nos dejó chafados. Si a mi no se me hubieran apagado las luces en una jugada en el minuto 85 estaría todavía saltando de alegría. Me la lanzó larga Lewis y cuando levanté la cabeza solo vi verde delante de mí. Tenía que correr como un cosaco con la reserva de gasolina bajo mínimos y cuando llegué al área lo pagué: zurdo como soy tuve que regatear hacia la pierna derecha y no marqué. Al poco me cambió el entrenador y de sopetón quien sí marcó fue Benteke, en el minuto 89. Una pena. Nos dolió por mucho que entendíamos que nuestra guerra es otra, pero salimos con el ánimo reforzado y de vuelta a casa nos repetimos que contra el Millwall no íbamos a fallar.

Empatar el sábado habría sido terrible y perder una condena definitiva, así que imaginad cómo recibimos la victoria. Cuando Peter marcó a la media hora me fijé especialmente en la reacción de nuestros aficionados y fue como una nueva inyección de adrenalina. ¡Parecían eufóricos! Creían en nosotros y empujaban de manera genial. Fue una comunión especial entre el campo y la grada y me di cuenta que nada es imposible, por difícil que parezca. Yo me sentí parte importante del juego y aunque me falte todavía marcar un gol me encuentro tan bien que lo veo cerca.

Ahora vamos al campo del Wolves, que sólo ha ganado uno de los cinco últimos partidos como local, y después a Vicarage Road, donde nos espera el Watford, que como el Wolves también aspira a meterse en la pelea por el ascenso a la Premier. Son dos salidas muy difíciles, pero noto una atmósfera especial en el vestuario y siento como si hubiera convencido al míster de lo que puedo y debo aportar al equipo. Además, ¡esos campos tienen césped y es verde! Bromas aparte, de verdad que el terreno de juego marca muchísimo la diferencia.

Quiero hablar de esa Navidad que ya ha quedado lejos, pero antes permitidme que tenga un recuerdo para mis amigos del alma Edu y Joan Oriol, que se marchan del club. Ya he dicho que les tengo mucho cariño y en estos meses que hemos estado juntos se ha creado una amistad que espero dure mucho tiempo. Por desgracia las cosas no les han salido tan bien como se merecerían en el Blackpool. Son cosas de club en las que uno no puede meter boca, pero desde luego dejarán un vacío importante para mi, porque sigo pensando que tienen fútbol y calidad. Sólo puedo desearles toda la suerte del mundo y que encuentren un equipo en el que demostrar lo buenos jugadores que son. Con las que me han liado… y les tengo un cariño enorme.

Acabando, la Navidad. Ya empieza a quedar lejos pero fueron días, en lo personal, muy agradables. Tenía ganas de ver a mi familia y pasar unas fiestas tranquilas, comiendo, disfrutando de la compañía y con el máximo relax posible que te dejan los entrenamientos. Y así fueron. Papá Noel se portó bien y solo hubo un regalo que levantó alguna sospecha: Se le pidió un caminador y hubo caminador, pero la morfología del susodicho despertó suspicacias porque llegó un cochazo con sus retrovisores, volante, luces y sonidos de lo más variopintos. La otra opción más femenina era una especie de tortuga con cara de estreñimiento crónico y de color rosa con topitos. La elección fue lógica. Y las reacciones de sorpresa también. En fin, lo importante siempre es la intención y el caminador ha acabado teniendo éxito, como no podía ser de otra manera.

Ojalá nos reencontremos la semana que viene con la misma energía positiva. Y ya que os deseé una feliz Navidad por adelantado, ahora, con retraso, os deseo un 2015 igualmente feliz en todos los sentidos. A todos, sin excepción, besos y abrazos.

¡¡¡Vamoooooooossss!!!

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos