Eutanasia a la Liga

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En lo que constituye un hecho inusual, MARCA sacaba ayer jueves en portada al entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone. Es extraño que los técnicos de los grandes equipos se prodiguen en los medios, pero el adjetivo de inusual no iba por esos derroteros, sino por la dificultad de encontrar una tapa de un gran periódico que cuente con algo diferente a Barça, Madrid o la selección española (la de fútbol y, algún día de verano si hay medalla de por medio, la de baloncesto).

«La Liga es la vida». Ese es el titular que el diario madrileño decidió destacar de la entrevista con el Cholo. El argentino hacía énfasis en la importancia de la competición doméstica y cómo la clasificación en esta catapulta la moral de su equipo. El Atlético encabeza la competición junto al Barcelona, los dos con plenos de victorias, los dos logrando el mejor arranque liguero de su historia y los dos en disposición de igualar en esta próxima jornada el mejor inicio de la historia de la Liga, que ostenta el Real Madrid con nueve victorias.

Sin embargo, muy probablemente sea una carrera ficticia. Las dos últimas ligas se han ganado con cien puntos. El Atlético, que realizó una magnífica temporada el curso pasado, se quedó con 76. Este año todo apunta a que podrán mejorar ese registro, pero ¿cuánto? ¿5 puntos, 10? ¿15? Llegar al centenar de puntos implica perder sólo catorce puntos en 38 partidos. El Barça empató cuatro y perdió dos. Ganó 32 partidos de 38, como hiciera el Madrid de Mourinho en la 2011/12. Son cifras que no parecen al alcance de un equipo que no dispone de Messi ni de Cristiano ni un presupuesto cercano a los 500 millones para los – pocos, poquísimos – días en los que estos dos se toman un respiro. Aún así, vendiendo cada verano a su máxima estrella, aguantan y, lo que es más, dan un paso hacia adelante. El trabajo de Simeone, alma del conjunto colchonero, en este aspecto no puede más que calificarse con matrícula de honor.

Es imposible no añorar los tiempos en los que pinchar en Mestalla o Riazor no significaba tirar media liga. Es doloroso mirar atrás y recordar cuando se celebraba un empate en una cancha difícil. Incluso, allá lejos, suenan los ecos de unas palabras de Van Gaal: la media inglesa. ¿Te acuerdas? Ganar en casa y empatar fuera como fórmula del éxito. Claro que entonces las ligas no se ganaban con 90 o 100 puntos, sino con 60 o 70. Por aquellos tiempos, las goleadas eran algo excepcional, un porcentaje mínimo de las veces en las que el culé sacaba al viento su ajetreado pañuelo.

Aquello ya hace años que quedó atrás, desgraciadamente. Hoy, la llamada Liga BBVA es el patio de juegos de dos titanes, acompañados por cada vez más comparsas que conforman un circo triste, frío y vacío. Un espectáculo ridículamente caro en el que los dos Goliats van cambiando de escenario cada semana a pesar de que el resultado ya se conoce de antemano, como si se tratase de una sitcom de tres al cuarto. Las risas enlatadas van a menos y empiezan a alzarse las voces que se preguntan cómo se ha llegado a este punto de prácticamente no retorno. Los demás, seguramente temerosos de hacerse esa misma pregunta, son los que aplauden fervorosamente el éxito de Simeone por algo tan sencillo como preocupante: después de tan sólo 8 jornadas, aguanta al Barcelona en el liderato.

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