Eterno Rollán: homenaje al mito, honor al oficio

En estos tiempos de clics rápidos, informaciones de usar y tirar, rumores que no ruborizan e insufrible circo, al periodismo deportivo –y a quienes lo disfrutan– le quedan cada vez menos rincones donde refugiarse. Los libros tienen la peculiaridad de ser, en esencia, todo lo contrario a ese consumismo desaforado de contenidos. Necesitan tiempo, favorecen la reflexión y nos permiten conectar con nosotros mismos, lo que los convierte en el lugar idóneo para contar cosas. ¿Y qué es el periodismo sino el oficio de explicar historias?

Eso es precisamente lo que Francisco Ávila y Alberto Martínez consiguen con “Eterno Rollán”, la biografía de Jesús Rollán, portero y leyenda de un equipo maravilloso en una época en la que los resultados contaban más que las personas encargadas de lograrlos. A lo largo de sus páginas, el libro dibuja con la minuciosidad de un miniaturista la personalidad de Rollán, su facilidad para practicar cualquier deporte, su competitividad extrema, su generosidad y también esa otra parte más oscura marcada por la dificultad para hallar su lugar fuera del deporte, algo que jamás consiguió.

Escribir la biografía de un mito no es fácil. Redactar la de una leyenda es poco menos que imposible. Firmar la de un torbellino como Jesús Rollán sin caer en el amarillismo fácil parecía una quimera, pero Ávila y Martínez lo consiguen a fuerza de romper barreras y prejuicios, de la complicidad de quienes han hablado con ellos (más de 50 entrevistas a lo largo de muchos meses) y de recurrir a algo tan periodístico como lamentablemente en desuso como es el off the record.

No hay nada morboso en las páginas de “Eterno Rollán”, pese a que algunos de los acontecimientos de su vida pudieran resultar tentadores para los autores. El libro no se salta nada, pero tampoco se detiene en los aspectos más ruidosos a menos que aporten algo que ayude a contextualizar la figura de uno de los mejores porteros que ha dado el waterpolo. Y ese es, precisamente, el gran mérito de un libro que se lee rápido porque no da tregua.

Devorar sus páginas es pasar del glamour de la victoria olímpica a los métodos marciales de algunos técnicos, pero es también comprobar que el paso de la alegría a la soledad más absoluta o de la euforia a la depresión es tan corto que podemos no verlo hasta que nos tropezamos con él. La gran lección de “Eterno Rollán” es que la salud mental necesita tanta o más atención que la que reciben los éxitos deportivos, del mismo modo que una historia así necesitaba fraguarse poco a poco y superando obstáculos a los que nadie, ni el más anónimo de nosotros, es inmune.

El 11 de marzo de 2006, Jesús Rollán se suicidó en el centro de La Garriga donde trataba de superar su adicción. Dieciséis años después, Rollán tiene un retrato que hará que quienes le vimos competir rememoremos el porqué de su carácter de mito. Pero el gran mérito del libro es que permitirá a los más jóvenes conocer la historia de un chico que llegó a la cima, lo ganó todo y no supo encontrar su lugar en el mundo cuando subió por última vez la escalerilla de la piscina.

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