Estrategias electorales

Se desgranan los partidos, sigue sumando puntos el equipo, pasan las semanas y las eliminatorias y esperamos. Ese es el ‘timing‘ en can Barça. Josep Maria Bartomeu continua con su frenética campaña y no hay día que se prodigue en al menos un acto público. Un escenario favorable que forma parte de las estrategias electorales.

Que la pelota entre es una buena noticia para el barcelonismo, pero más para Bartomeu, quien sabe que sus opciones aumentarán en el caso de que lleguen títulos y que los conservadores socios culés piensen que es mejor no tocar nada.

En el otro extremo anda Joan Laporta, que guarda silencio. No entrará en campaña hasta que no estén convocadas elecciones, porque sabe que cuando empiezas una carrera con tanta ventaja, cuanto más largo es el recorrido más fácil es desfondarse. Eso es lo que nos indica la teoría y también la práctica. Y por ahora no hay rastro de convocatoria formal ni lo habrá en tiempo. Mientras el equipo mantenga sus opciones, nada se va a mover más allá de las encuestas.

Hace unos días, un analista político me hizo una reflexión sobre ellas: “Las encuestas no nos sirven para saber a quién votar, sino para generar miedo e indicar a quién no hacerlo. En todo caso, siempre se pueden salpimentar al gusto“.

Y así es, los últimos estudios demuestran lo que ya sabíamos: el favoritismo de Laporta en el caso de que se presente. El 51 por ciento de los socios le apoyarían (es una encuesta realizada a 800 socios por Catalunya Ràdio) o sea, el 49% no le votarían.

Extrapolando los datos, el 73% no votaría a Bartomeu (27% sí), el 87 no apoyaría a Agustí Benedito (13), mientras que Carles Vilarrubí, Víctor Font, Toni Freixa o Jordi Farré no alcanzan ni el 9% de apoyos entre todos ellos.

No es el momento de Laporta, que muestra una calculada distancia. Necesita el expresidente cerrar su equipo y esperar. “Wait and see“. La estrategia de Bartomeu es la clásica: utilizar los altavoces del club para aparecer día sí y día también en los medios en representación del club.

Benedito, que también ha jugado históricamente a ser dueño de sus silencios, no puede creerse esas últimas encuestas, porque las suyas dicen otra cosa y continúa con su política de patearse todos los territorios del barcelonismo para palpar el ambiente.

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