Estiletismo

*Juego mediante el que los culés de un entorno y del otro se reprochan las derrotas a cuenta del estilo mediante memes, tuits y demás “arrojables”.

Mañana hará una semana desde la debacle de Delfina o Anfield, y uno juraría que si se volviera a jugar, sufriríamos el mismo cruel destino. Nadie da su brazo a torcer. Sigue el Barça instalado en la perenne dicotomía desde que Núñez decidió tapar a Cruyff después de habérnoslo enseñado.

A partir de ahí, con Messi y sin Messi, cada cual se afana en el arte de buscar argumentos desfavorables al contrario al objeto de reforzar el discurso propio. Es un ejercicio de reduccionismo que a veces raya lo absurdo y que tiene como trasfondo el estilo sobre el que debe jugar el equipo.

Ese es el porqué no avanzamos lo que debiéramos. Ni con Messi ni sin Messi.

Olvidan los que atacan el resultadismo (cruyffistas y sus nuevas generaciones) que no todo se consigue con el famoso “tiqui-taca”. Que sí, que es muy estético sobar la pelota y que el contrario no la huela, pero para ello, además, hay que correr y ofrecerse. “La toco y me voy“. ¿Recuerdan? No basta con hacer pases insulsos que aseguren la posesión, sino que además hay que dar la suficiente velocidad a la circulación del balón para desequilibrar las defensas rivales. Ocurre que, hoy por hoy, ni el Barça tiene esa velocidad de balón, ni sus principales jugadores tienen las piernas para estar corriendo todo el tiempo.

Por contra, hemos de tener presente que los jugadores de una liga más competitiva como es la Premier están habituados a jugar a mucha más velocidad y durante mucho más tiempo, lo que les hace tapar sus carencias técnicas la mayoría de las veces. Ya no estamos en los albores del Cruyffismo.

Quizá los que se llenan la boca hablando de la maravillosa forma de jugar del Ajax, debieran echar un vistazo a las estadísticas de kilómetros recorridos por los holandeses. Prescindiendo de los pecados de inocencia propios de la juventud que terminaron por desahuciarlos de la Champions League, hay que valorar no solo la cantidad de jugadas que fabricaban, sino también lo que corrían, la forma en que se adueñaron del partido en duelos individuales ante equipos pretendidamente más físicos como puedan ser la Juve y el Tottenham, al que sus arreones iniciales apenas duraron cinco minutos tanto en la ida como en la vuelta. También olvidan que noches como la de aquel día… las hemos vivido anteriormente con jugones como Xavi e Iniesta, máximos guardianes del innegociable estilo.

Y por si esto no fuera suficiente, cabe recordar que los equipos de Guardiola han contado con niñitas como Keita, Xabi Alonso, Vidal (sí, leen bien) o Fernandinho. Se quiera o no, al fútbol se juega corriendo.

Tampoco hay que desdeñar el trabajo que requiere un equipo que prescinde del juego de posición en el centro del campo y, por contra, es capaz de destrozarte en varios ataques fulgurantes. Quien juegue así también ha de estar concentrado cada milésima de segundo para saber aprovechar del contrario cada cesión atrás. Cada pase en horizontal. Cada córner en contra para salir al contraataque en estampida. Y por supuesto, cada córner a favor… Afilado para penalizar el mínimo error.

En el otro bando, olvidan los que atacan a Pep usando el trasero del Bayern, el City o cualquier allegado, que con él hemos disfrutado de la etapa más gloriosa y fructífera EN RESULTADOS. Olvidan que en esa mejor época, la abundancia de canteranos y gente comprometida con la causa nos hizo llegar al éxito más rotundo.

Obvian que para conseguir ese reemplazo de jugadores de la Masía, previamente se hizo un trabajo de cultivo desde la base en las categorías inferiores, de modo que llegar al primer equipo no llevara ningún trauma psíquico adosado, ni tampoco supusiera un desembolso de, por ejemplo, 160 millones de euros para las arcas del club. Eso sin contar las nuevas remesas de Bogardes de la pradera, en los que Boateng siempre guardará un sitio preferente.

Una apuesta por el despilfarro, que no ha hecho otra cosa que mermar los minutos de, por ejemplo, Aleñà, que este año debiera haber completado bastantes más partidos de Liga, habida cuenta la diferencia en la tabla. Cuando uno ve que Sergi Roberto, el último canterano asentado en el primer equipo ya tiene 27 años, se echa a temblar.

Y no es cuestión de calidad, que siempre la va a haber, sino de poco atrevimiento. El verdadero estilo imperante que emana de la directiva y recorre la espina dorsal del club hasta sentarse en el banquillo y quedarse con cara de vaca que ve pasar el tren cuando es arrollado por segunda vez del mismo modo.

Pues bien, ese poco atrevimiento en la apuesta por la cantera ha derivado en una situación nuevamente enquistada, en la que los pesos pesados del vestuario imponen su lógica sin que nadie rechiste. La dirección deportiva ha ido girando sin prisa pero sin pausa, alternando en el banquillo a entrenadores de perfil bajo como Tata Martino y el propio Valverde, con otros como Luis Enrique al que primero se le desposeyó de su liderazgo y, justo a continuación, la plantilla se conjuró para ganar otro triplete en el que el famoso estilo brilló por su ausencia a pesar de que ahí seguía Xavi.

Olvidan, en fin, que hemos disfrutado como enanos, incluso ellos, aunque les duela reconocerlo. Olvidan que nos han llovido alabanzas desde todos los lados y ladridos desde donde tenían que llegar. Incluso desde el rencor.

Y olvidan TODOS que hemos sido bendecidos con el mejor jugador de la historia y que, necios los unos y los otros, no hemos sabido darle las herramientas necesarias en cada momento, para que, fuera cual fuese EL PUTO ESTILO, primero hacer más grande al club y segundo hacerlo más grande a ÉL.

Pero nada, sigan-sigan en el estiletismo.

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