Estamos locos

puyol

Tarde o temprano, también el Barça del Tata Martino tenía que perder. Es ley del deporte y no pasaría nada si no fuera por la imagen ofrecida por el equipo en Amsterdam. Indolente en la primera parte e incapaz en la segunda incluso contra un Ajax ya en inferioridad numérica. Una derrota inocua en el qué pero dolorosa por el cómo.

Se puede comprender que, tras 20 partidos oficiales de resultados inmaculados y sabiendo que no se jugaban gran cosa en el envite, un rival al que le va la vida te supere en ganas. La relajación no es algo que el aficionado culé disculpe con facilidad, pero es humana teniendo en cuenta el calendario a que se ven sometidos los gladiadores. Es más: el problema de verdad sería quedarse sólo en la parte motivacional del desaguisado y olvidar que el partido de Amsterdam también desnudó varios defectos futbolísticos que el equipo viene apuntando desde el inicio del curso, pero que se han querido enterrar a costa de los buenos resultados.

Quizás el mayor de todos ellos es la desorientación táctica. Nos ha quedado clarísimo que Martino quiere introducir variantes al fútbol de posesión que hizo grande a este equipo pero, desde fuera, cuesta saber cuáles. En este sentido, la hemeroteca también es dolorosa. Dijo Cesc Fàbregas, tras el Barça-Ajax de septiembre, que se había producido una mala lectura de partido porque el equipo no sabía si salir a presionar o esperar a los holandeses en campo propio. Dos meses después, que deberían haber servido para evolucionar, Puyol dijo tres cuartos de lo mismo en Amsterdam. De modo que tampoco los futbolistas lo tienen muy claro o, por lo menos, no más claro que dos meses atrás.

Quizás sea por este motivo o quizás porque la panxa ja està prou plena y el tiempo de exprimirse al máximo ya pasó para la mayor parte de la plantilla, pero es una realidad que la elogiadísima presión alta que el equipo realizó en el primer partido del curso frente al Levante no se ha vuelto a ver. Es tremendo escuchar al Tata explicar que el Barça no tuvo problemas de presión en Amsterdam, cuando su equipo se pasó toda la primera parte reculado en campo propio mientras el Ajax le ahogaba y le bailaba. Quizás más adelante iremos adivinando si Martino quiere un Barça en campo propio o en el del contrario como era costumbre; por ahora, hay que quedarse con el hecho de que, si una tropa de imberbes que -se supone- juegan un estilo idéntico al tuyo pueden subir a presionar hasta tu portería y tú no, es porque ellos quieren y tú no. Y tampoco esto es ningún accidente, porque algo parecido sucedió en Vallecas o en el campo del Betis, situaciones que también mostraron a un Barça desnaturalizado con la diferencia que, en aquellas ocasiones, el equipo sí fue efectivo al contraataque.

El transcurso de la temporada dirá si, efectivamente, el Barça evoluciona hacia un método que le permita ser competitivo en las grandes citas. Por ahora, es imposible ser contundente en una u otra posición, aunque hubo quien vio en el planteamiento del clásico contra el Madrid la nueva línea a seguir. Que Dios nos coja confesados. Que un equipo cuyo líder de la defensa es lento y cuyos centrocampistas están paridos para manejar el balón y no para correr detrás de él decida por propia voluntad esperar atrás no parece una buena idea, pero habrá que confiar en que Martino tenga la hoja de ruta más clara de lo que parece.

Por otra parte, y más allá del recital de pasividad del primer tiempo, puede que lo que sucedió en el segundo fuera incluso más preocupante. Una vez el Barça pudo salir de la cueva y jugar en campo del Ajax, tampoco supo llegar a la portería contraria. El equipo no le dio ritmo al balón, algo que tampoco es nuevo de ayer, sino que viene sucediendo incluso en partidos donde el Barça ha ganado cómodamente, como el del Granada sin ir más lejos. Y, sin ritmo, es difícil generar desequilibrio y mucho menos divertir.

En cualquier caso, es una opción seguir pensando que los críticos con el juego del Barça, no ahora en la derrota sino también antes en la victoria, somos tarados que soñamos a diario con Guardiola, somos injustos con el Tata, que el único objetivo de nuestras vidas es cargarnos a Rosell y que quién nos manda preocuparnos por el cómo cuando los resultados son tan buenos. Si el padre del estilo dice que el debate sobre el juego es de barra de bar y que no hay que preocuparse, es probable que estemos locos.

Jordi Costa es periodista de RAC1.

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