Esperando a Messi

Apartado del foco, con más presencia que prestancia, con más expectativa que fútbol, con mucha esperanza y poca, muy poca realidad. Messi ya enfila el partido definitivo, la final del Mundial, pero el fútbol sigue esperando a D10S. Pasó por la semifinal como un simple secundario en una película de Serie B y sólo le queda ya una oportunidad para plasmar su nombre en mayúsculas en la Copa del Mundo.

El torneo de Brasil sigue entregado a los porteros. Manteniendo en la retina a OchoaKeylor Navas, Bravo, Howard, Julio César o Krul, Sergio Romero se catapultó en las semifinales al primer plano para mantener vivo el sueño de la albiceleste y junto a él emergió, mayúscula, la figura de Mascherano, el remedio para todo, a través del corte y la palabra, en esta misión que ha conducido al discreto grupo de Sabella hasta la final. De Messi hay poco que decir, de momento.

Leo completó un buen primer tramo de Mundial. Ante Bosnia, Irán y Nigeria no alcanzó la excelencia pero tomó el papel decisorio. Marcando y llevando en volandas a su equipo lo condujo a esos octavos de final en que Argentina derrotó sobre la bocina a Suiza con el gol de Di Maria, asistido, claro, por Messi, quien en el único slalom que se le recuerda le regaló el disparo al Fideo. Fue ante Bélgica, en cuartos,  cuando pareció emerger. Inició la jugada del gol de Higuaín, completó 90 minutos más que dignos y la albiceleste se plantó en las semifinales. Y es ahí donde todos esperaban, sin disimulo, su eclosión.

Pero en el momento de la verdad fue el destino, no él, quien decidió que Argentina superase el último escollo. Frente a Holanda reapareció el Messi apagado, frenado, incompleto y hasta invisible que más de dos y tres veces se ha contemplado durante la temporada con el Barça.

La libreta de Van Gaal le atrapó de mala manera y apenas dio señales con un lanzamiento de falta que le atajó con seguridad el portero oranje. Retrasado en el campo, se dedicó más a asistir que a enfilar y solamente dejó constancia de su presencia en una jugada marca de la casa en la prórroga en la que alcanzó la línea de fondo con aquella endiablada agilidad que tanto se espera de él y que tan poco ha mostrado.

Messi está a un paso de completar su particular museo de trofeos. Si Argentina se corona en Maracaná ante la temible Alemania lo tendrá todo y el considerado mejor futbolista de la historia podrá mostrar un palmarés inigualable, tanto a nivel colectivo como individual. Pero, de momento, queda la sensación que no será recordado como el Mundial de Messi, como sí fue (antipática comparación) el de Maradona en 1986.

Los tiempos han cambiado. Desde el momento en que Neymar proclamó su deseo de ganar todos los partidos por ‘medio a cero’ se constató que este Mundial estaba llamado a ser un torneo más colectivo que individual. Y desde el primer día se ha ido arrastrando esa sensación. El colectivo alemán es hoy por hoy la estrella que más brilla, tomando el relevo de la ilusión de Costa Rica y de episodios concretos para guardar en la retina.

Pero si Leo estaba llamado a completar el círculo de su maravillosa carrera en Brasil apenas le queda un capítulo para lograrlo. Desde su debut el 15 de junio en Maracaná frente a Bosnia y hasta su despedida, el próximo domingo, en el mismo escenario, Messi ha dejado más pinceladas que realidades.

Se le sigue esperando. Vale la pena no dudar de quien tanto ha demostrado a lo largo de su carrera… Pero mientras no se puede, ni se debería, ocultar que el Mundial no es, como se esperaba, su torneo soñado.

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