España y la fidelidad a su estilo

España afronta hoy el partido que decidirá cuál es su recorrido en este mundial. El equipo de Vicente del Bosque, practicante habitual del juego de toque y posesión desde que Luis Aragonés lo instaurara en la Eurocopa de 2008, debe ganar hoy a Chile si desea seguir aspirando a revalidar el título alcanzado en Sudáfrica.

Sin embargo, son muchas las voces que, tras la escandalosa derrota frente a Holanda, abogan ya por un cambio de estilo, recurriendo al desahucio de un estilo que ha llevado a la selección española allá donde no pudieron la famosa furia, el patadón arriba de Clemente o la ausencia de mapa de ruta de tantos y tantos seleccionadores.

El tiempo ha venido a dar la razón a Pep Guardiola cuando, en junio de 2011, tras vencer en Wembley en la que tal vez haya sido la mejor lección impartida jamás en una final de la Champions League, pronunció aquella frase que ha resultado profética en el Barça y quién sabe si también en la selección: “Quiero ver si cuando no acompañen los resultados, si cuando se deje de ganar, somos capaces de mantenernos fieles a la idea. Si eso ocurre, que lo dudo, habremos dado un gran paso adelante”.

Mientras el Barça ganaba, nadie cuestionó el modelo; mientras España acumulaba títulos como nunca hasta entonces, tampoco. Hoy, la cosa ha cambiado tanto que incluso jugadores ‘nacidos’ para adaptarse a ese estilo de juego renuncian de él. Es el caso de Cesc Fàbregas, que hace pocos días comentaba que “al fútbol no se juega de una única manera. Hay que atacar más y ser muy valientes”. Valientes. Como si el mero hecho de adueñarse del balón para agotar al rival y vencerle por arrollamiento fuera un acto de cobardía.

Las palabras de Xavi, el guardián de la idea, días antes del 1-5 frente a los holandeses –“vamos a ganar o morir con nuestro estilo y nuestro juego”– son la otra cara de la moneda. Una cara que, a tenor de lo que se escucha y se lee en la prensa, comienza a estar desgastada. Tras presumir durante años no sólo de ser campeones de Europa y del Mundo, sino sobre todo del modo en que se obtuvieron esos títulos, el viento empuja la veleta hacia otro lado. Hoy, para muchos, el toque es aburrido. Lo que toca es volver al empuje, al frenesí del acordeón atlético, a correr cuatro kilómetros más por partido.

Todo esto flotará en el ambiente en el partido de esta tarde frente a un Chile sólido y del que no conviene fiarse. Si, como presumimos, Del Bosque se mantiene fiel a su idea y los jugadores creen en ella, demostrarán la valentía de quien es firme en sus convicciones. Si, por el contrario, el seleccionador sucumbe a las presiones –más allá de poner sobre el campo a unos jugadores u otros–, la ruptura con el pasado que le catapultó al cielo puede representar la vuelta a los tiempos en que no se ganaba nada.

Hoy saldremos de duda y veremos si, como vaticinó Guardiola, la selección española da un paso adelante en forma de fidelidad a una idea a la que todos se subieron y de la que muchos quieren apearse ahora. Porque, como reza el dicho, «la victoria tiene cien padres, pero la derrota es huérfana«.

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