En otra vida quiero ser argentino

A pocas horas de que arranque la final de la Copa Davis entre Croacia y Argentina, uno siente cierta envidia por el sentimiento y el anhelo del aficionado argentino. Nunca la ha ganado. Pero pocos países la admiran y la desean como el albiceleste.

Aquí hemos jugado varias finales y hemos festejado las bolas que entraban para conquistar hasta cinco Ensaladeras de Plata. Pero los argentinos no festejan. Ni celebran. Ellos jalean. El griterío y la diversidad de cánticos argentinos pertenece a otra esfera. Imaginen a cientos de aficionados de Boca cantando lo mismo que otros tantos de River. Imaginen, además, que muchos de esos hinchas crean que casi es tan bonito ganar una final… como perderla. Sí, de puro diván.

A uno le gustaría ser argentino porque son pasionales. Viscerales. Aguerridos. Indomables y, a la vez, melancólicos. Tiernos. Románticos. Taciturnos. Porque en pocos países se ríen de uno mismo como en Argentina. Dicen, ellos, que son sencillitos y carismáticos. Y es cierto que se creen perfectos y superiores. Con la misma intensidad con la que inventan chistes riéndose de sus propias imperfecciones.

Croacia llega a la final sintiéndose fuerte como anfitriona. Con un tenista muy en forma, Cilic. Dos peligrosos acompañantes, Karlovic y Dodig. Y un renqueante Coric. Además ya saben lo que es ganar la Davis. Lo hicieron en 2005.

Argentina en cambio llega con la losa de cuatro finales perdidas. Una frente a los EEUU de McEnroe. Otra ante la Rusia de Safin. Otra frente a la España de Nadal. Y una cuarta derrota que aún hoy, ocho años después, es difícil de entender. Porque pocos logran explicar el por qué de lo ocurrido en los vestuarios de Mar del Plata. Tan difícil como imaginar una final parecida a aquella de Roland Garros entre Coria y Gaudio.

No sé qué pasará. Y entiendo a Victoria Gracia, toda una experta en finales de Copa Davis, cuando dice que la Ensaladera la gana quien se la merece. Pero creo que hay una gran diferencia entre unos y otros. A los croatas les hace ilusión ganar la copa. Los argentinos matarían por ella.

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