En defensa de Cristiano

Cuando el portugués llegó a España, lo hizo con una vitola de caprichoso, chulito y egoísta que algunos de sus actos terminaron de corroborar. Para la memoria quedará siempre su frase acerca de lo bueno, rico y guapo que se considera, o sus desplantes por ausencia hacia los actos de entrega de los Balones de Oro de Messi, una distinción que era lo más de lo más cuando lo ganaba él. Las torpezas dialécticas de Blatter con el “Comandante Ronaldo” le sirvieron al delantero para denunciar el rintintín de la FIFA hacia su figura, su club y su país, aunque no es menos cierto que esa batalla de menosprecios la comenzó él.

De un tiempo a esta parte el madridista parece otro. Se dedica principalmente a jugar (muy, pero que muy bien) al fútbol. La marcha de Mourinho del Real Madrid lo han convertido en un auténtico líder del vestuario, toda vez que los demás iconos andan de capa caída (Casillas por su suplencia y Ramos por sus peleas internas con Florentino Pérez). Su nivel de juego es similar o mejor que en anteriores temporadas y, como guinda, ha conseguido lo que se le exigía desde hace tiempo: que hablara más en el campo y menos ante los micrófonos. Así lo confirma con sus gestos cada vez que marca un gol: “Yo hablo aquí, sobre el césped“, parece decirnos cada vez que la enchufa adentro.

Cristiano ha descubierto que el amarillismo es para los demás. Es más feliz desde que se dedica a lo suyo. Seguro que su cara de malas pulgas en las galas de los premios ganados por Messi o Iniesta le producen vergüenza con el paso del tiempo. Sin embargo, hay algo que humilla aún más al 7. Si fastidia que no le reconozcan a uno lo que cree haberse ganado, verse como centro de una campaña artificial de encumbramiento de su figura produce una urticaria difícil de rascar. El luso no cree necesitar 40.000 caretas con su rostro en un estadio, ni que la LFP decida en el último momento sacarse de la manga un reconocimiento estadístico, el premio al “Jugador más valioso”, para compensar que a Messi le otorgaran los entrenadores de España los de “Mejor Delantero” y “Mejor Jugador”. Cuentan que el propio Cristiano se quedó muy sorprendido al enterarse de la pantomima, y rápidamente el entorno mediático y del club que le acompaña a estos actos le contó las bondades de tan excelso galardón: “Cris, es el premio más objetivo, por los números, lo más importante de la noche“, etc, etc.

No sabemos si Cristiano quedó satisfecho con las explicaciones o no, pero él sabe (y es cierto) que no necesita de portadas, caretos ni premios sospechosos para ganar el Balón de Oro este año. Al bajón de Messi hay que sumarle un año brutal en lo individual, y solo el ramillete de títulos de Ribery podría impedirle llevarse su segundo pelotón, un premio que quedaría en entredicho por culpa de campañas desde España y extrañas ampliaciones de plazo de votaciones desde la propia FIFA. Y eso sí que sería una “inyustisia“.

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