En busca del oro perdido

Sin ningún género de dudas, es el mejor jugador que he tenido bajo mis órdenes“. Si en el verano del 2003 le hubieran dicho a Alex Ferguson que, una década más tarde, pronunciaría esta frase el día de la presentación de su biografía, el escocés habría dejado escapar una de sus sonoras carcajadas. Si bien es cierto que durante aquel famoso encuentro entre el Sporting de Portugal y el Manchester United -inauguraban el nuevo estadio Alvalade-, un espigado delantero de 17 años había asombrado a toda la plantilla y cuerpo técnico del United, Sir Alex habría considerado una osadía o temeridad ponerlo por encima de leyendas como Eric Cantona, Ryan Giggs o David Beckham.

Desde ese lejano 2003, la carrera de Cristiano Ronaldo ha experimentado un proceso evolutivo constante y progresivo. En su primera etapa “mancuniana” recibió numerosas críticas por un excesivo uso de regates, fintas y bicicletas -a menudo estériles- que no hacían más que soliviantar a los rivales y desesperar a la parroquia de Old Trafford. Ocupaba la banda derecha del ataque y su limitada incidencia en el juego no hacía presagiar la magnitud y trascendencia que acabaría alcanzando su figura, una vez que Ferguson le concediera la libertad de moverse por todo el frente del ataque y desarrollar su enorme talento.

Es a partir del cuarto año como red devil cuando Cristiano empieza a destaparse como goleador, siendo la siguiente temporada (2007-08) la que le consagra como líder incontestable del equipo y prolífico artillero. Ganador del certamen del balón de oro y de la bota de oro merced a los 31 goles conseguidos en la Premier League, es clave en la consecución de los títulos de liga, Champions League y del Mundial de Clubs disputado en Japón. A pesar de la insistencia del Real Madrid por ficharlo al final de esa exitosa campaña, no es hasta la siguiente -justo después de la derrota en Roma contra el Barça- cuando Florentino Pérez ejecuta la opción de compra que había dejado previamente bien atada su antecesor en el cargo, Ramón Calderón.

Tras cuatro temporadas como madridista, el delantero portugués se ha dedicado a amortizar, por la vía rápida y a base de goles, los 96 millones de euros abonados por su transacción. En poco más de cuatro años se ha hecho acreedor de una cuota goleadora apabullante, sumando 216 goles en los 211 partidos que ha jugado con la camiseta merengue, lo que le sitúa en el quinto lugar como goleador histórico del club y con recorrido para superar las marcas de los cuatro que le preceden: Raúl, Di Stéfano, Santillana y Puskas.

Cristiano afronta el clásico en un momento de forma excepcional, como atestiguan los 15 goles que ha anotado en los 12 primeros partidos de esta temporada. Sumido en un continuo mano a mano con Lionel Messi, el portugués no se resigna a ocupar el segundo puesto en el escalafón mundial. Después de unos inicios titubeantes y llenos de dudas, en cuanto a clásicos se refiere, Cristiano ha llegado a enlazar seis partidos consecutivos marcando contra el Barça -hecho sin precedentes en toda la historia madridista-, lo que ha elevado su cuota a 12 goles en partidos de la máxima, quedándose a tan sólo seis de los que más han anotado, Messi y Di Stéfano.

Desde los tiempos de Di Stéfano y Kubala no se había presentado el hecho de que ambos equipos cuenten en sus plantillas con dos jugadores de tan alta jerarquía y, sobre todo, que atesoren un caudal goleador tan descomunal como inalcanzable para el resto de delanteros contemporáneos. El mérito de Cristiano Ronaldo está en apoyarse en su ambición y no resignarse a protagonizar el papel secundario de número dos, ante un jugador único como el 10 azulgrana.

Si son amantes del fútbol, hoy disfrutarán.

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