Emil Zátopek la locomotora checa

Hoy en día estamos hartos de ver vídeos de técnica de carrera. Vídeos dónde te explican cómo has de colocar los brazos describiendo un ángulo recto y cómo balancearlos manteniendo el equilibrio. Se nos dice también cómo mantener los hombros relajados y hasta hemos descubierto la última técnica del huevo invisible entre las manos. Pero los atletas han corrido toda la vida sin necesidad de ver vídeos en youtube.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en plena ocupación alemana de Checoslovaquia, un joven aprendiz de una fábrica de calzado fue inscrito con el resto de trabajadores a una carrera de 5.000 metros. No ganó pero quedar segundo le provocó un interés inusitado por correr. Este joven se llamaba Emil Zátopek y no era precisamente el corredor con la técnica más depurada del momento.

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Zátopek tenia una forma de correr muy poco ortodoxa. Braceaba en exceso, corría con la cabeza inclinada y la boca torcida en busca desesperada de oxígeno. Daba la impresión de ir siempre al límite, como si fuera a desmayarse en cualquier momento. Su rostro reflejaba auténtico sobreesfuerzo. “No tengo talento para correr y sonreír al mismo tiempo”, solía decir. Pero debajo de ese gesto agónico se escondía una máquina perfecta para la práctica del atletismo. Un corazón y unos pulmones dispuestos a consentir todo el esfuerzo que se les reclamara.

Corredor de gesto serio dentro de la pista y de un carácter abierto, sencillo y entrañable fuera de ella, llegó a decir de su manera de correr que “aprenderé a tener un mejor estilo cuando se juzguen las carreras de acuerdo a su belleza”.

Una vez el joven checo decidió dedicarse a correr empezó a entrenar de forma compulsiva, llegando a acumular en un mes más de 800 kilómetros y a superar las 1.000 horas anuales. Algo más de un medio maratón diario. Era capaz de realizar en un mismo día 100 repeticiones de 400 metros a 1:10-1:20.

En 1946 fue seleccionado para disputar el Campeonato de Europa de Oslo, donde quedó quinto en la prueba de los 5.000 metros. En aquel momento fijó su gran objetivo en la disputa de los Juegos Olímpicos de Londres dos años mas tarde. Compitió en dos pruebas, consiguiendo la medalla de plata en los 5.000 metros después de ser batido por sólo dos décimas por el belga Gaston Reiff. En los 10.000 metros ganó la medalla de oro con un nuevo récord olímpico (29:59.6), superando a su gran rival y amigo, el francés Alain Mimoun, en 48 segundos.

Dos años después de los Juegos de Londres disputó el Campeonato de Europa de Bruselas dónde ganó la medalla de oro por primera vez en las dos distancias de fondo.

Pero su nombre siempre estará ligado a los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952. Zátopek llegó a la cita en el mejor momento de su carrera, dispuesto a superar sus logros en las pruebas de 5.000 y 10.000 metros y a intentar el asalto a la distancia del maratón. En la primera distancia logró hacerse con el oro que se le resistió en Londres venciendo por apenas un segundo a Mimoun y estableciendo un nuevo récord del mundo (14:06.6) en la que se llamó “la carrera del siglo“. También supero al francés en la prueba de 10.000 revalidando la medalla de oro de los últimos Juegos con récord mundial nuevamente (29:17.0). Esta hazaña igualaba la proeza de Hannes Kolehmainen, atleta finlandés que lo había logrado en los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1912. Emil acabó agrandando su leyenda cuando venció también en la prueba de maratón con récord olímpico (2h23:03). Un triplete que nadie ha conseguido hasta la fecha. Zátopek comentó tras acabar esta nueva distancia para él que se trataba de “una carrera muy aburrida”, mientras se convertía en el mejor fondista del mundo sucediendo al finlandés volador Paavo Nurmi.

Después de estos Juegos Olímpicos disputó el Campeonato de Europa de Berna, con oro en 10.000 y bronce en 5.000 metros. Con su carrera deportiva en pleno declive disputó los Juegos Olímpicos de Melburne de 1956 con un sexto puesto en la prueba de maratón. Su última carrera –y también su último triunfo– fue en España, en el Cross Internacional de San Sebastián de 1958. A lo largo de su carrera compitió en 334 pruebas con un total de 261 victorias, estableciendo 18 plusmarcas mundiales en distintas distancias. Estuvo invicto en los 5.000 y los 10.000 metros de octubre de 1948 a junio de 1952. En 10.000 metros se alargó hasta julio de 1954, a lo largo de 38 carreras.

Considerado un héroe nacional, murió el 22 de noviembre de 2000 a consecuencia de un derrame cerebral.

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