El triplete más caro del mundo

Hace ahora cinco años, el Barça celebraba la consecución del segundo triplete de su historia. El equipo de Luis Enrique cerraba un brillantísimo primer semestre de 2015 con el título de la Champions League en Berlín y el presidente Bartomeu no cabía en sí de gozo porque, si a principios de año se veía más fuera que dentro, en junio tenía la reelección en bandeja.

Cegado el socio por una campaña basada en el lema ‘triplete, tridente’, votó en masa a Bartomeu, certificando así la apuesta por un modelo articulado en torno a la demolición de lo anterior, sobre cuyos restos se edificaron los triunfos de ese año.

A partir de entonces, la directiva azulgrana –de la que se han ido apeando no pocos nombres– se ha amparado en la política del paraguas, que lo mismo tomaba forma de director de comunicación que de secretario técnico o de entrenador. Cualquier figura que tapara el más mínimo atisbo de riesgo para los que mandan servía como refugio antibombas. Y mientras tanto, como dice el dicho, ‘qui dia passa, any empeny’.

El balance de los últimos cinco años de presidencia de Bartomeu no puede dar más escalofríos. Tras la marcha de Xavi ese mismo verano, la inercia permitió al Barça ganar tres ligas, pero no fue suficiente para evitar estrellarse año a año, sin perdonar ni uno, en Europa. Pese a la larga lista de directores deportivos, ninguno fue capaz –por incapacidad o porque nadie puso a su disposición las herramientas necesarias– de reconstruir un equipo que pedía a gritos una renovación.

Siempre se ha dicho que la gestión de los últimos años de Messi debía hacerse con cuidado. Sustituir al argentino será imposible, pero resulta difícil de entender que temporada tras temporada se haya optado por fichar jugadores de más de 100 millones de euros –que han dado un resultado, siendo generoso, más bien flojo– y no por buscar el entorno ideal para aprovechar al máximo al crack mientras se pensaba en el Barça del futuro.

Y así, tras ese despilfarro enjugadores, redes sociales y otras historias, la lucha entre el bando de “el dinero en el campo” y el de “el dinero en el banco” ha quedado anticuada porque hay campo y hay banco, pero ya no dinero que poner en ellos. No queda otra interpretación si nos atenemos a la incapacidad de encontrar financiación para la reforma del Camp Nou (debía inaugurarse el año próximo y aún no se ha iniciado) o a las operaciones realizadas con el solo objetivo de cuadrar balances y evitar los avales (Neto, Pianic, Cucurella y otros canteranos) y no para mejorar al equipo.

Hace cinco años, el Barça ganó su última Champions y, visto lo visto, seguramente haya sido el triplete más caro de la historia. Tanto, que la hipoteca firmada entonces tardará tiempo en liquidarse.

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