Nada hacía presagiar, hace solo un año, que 2015 terminaría como lo ha hecho. Un curso atrás, el Barça jugaba mal. Ganaba casi todo, sí, pero eso es tan cierto como que aburría a las ovejas y parecía querer rememorar la temporada anterior que, con el Tata Martino al frente, recorrió el primer trimestre del curso de un modo similar.

Fue una derrota, como tantas otras veces, la que movió algo en el Barça. Caer en Anoeta con Messi y Neymar en el banquillo y sin ideas en el césped dolió tanto que el equipo se sintió como si le clavaran con rabia dos espuelas en el costillar. Entre rumores (o algo más) de malas relaciones entre el crack y el técnico, el conjunto azulgrana reaccionó en su envite posterior derrotando con solvencia al Atlético de Madrid y poniendo una nueva marcha a su juego, a su físico y a su capacidad mental. Una suma de factores que acabó por llevarle a uno de los años más exitosos de su historia.

Ya (casi) nadie se pregunta qué le pasa a Messi, ni le culpa de nada, ni tampoco se discute si es bueno o malo tener demasiados gallos en el corral. Pocos echan de menos a Cesc, muchos se toman el año de Martino a guasa en cuanto lo comparan con los cursos precedentes y posteriores y la mayoría, porque nunca llueve a gusto de todos, empieza a valorar la etapa Guardiola como se merece y no por las filias o fobias que despierta el personaje.

El Barça sigue siendo hoy una referencia, si es que alguna vez dejó de serlo. Es un club peculiar, incapaz de vivir en tranquilidad. Es, también, una institución que crece al mismo tiempo que se esmera en que lo hagan los enanos de su circo, ya sea en forma de sanciones, de actuaciones extrañas de quienes lo dirigen o de un entorno tóxico que, a la larga, ha favorecido una simbiosis perfecta. El Barça sabe que es incapaz de salir adelante sin problemas, de modo que si no los tiene, los crea en forma de aquella “crisis semanal”, que decía Martino.

A falta del partido que cerrará este 2015, el Barça de Luis Enrique habrá culminado un año fantástico, igualando la cifra de títulos del Barça de les Cinc Copes que lideraba Kubala y del de Guardiola de 2011. Disfrutemos el momento y del año tremendo del Barça. Gocemos los triunfos con la misma intensidad con la que paladeamos las desgracias del rival. Y aprovechemos la gloria actual, porque nunca se sabe cuándo dejará de entrar la pelota.