El sostén del Barça es Messi

El presidente del Barça, Josep Maria Bartomeu, reiteró ayer en 8TV que tiene la intención de volver a presentarse como candidato al cargo. Una decisión plenamente legítima y perfectamente correcta si no fuera porque la frase contiene un error en su enunciado: Bartomeu no puede volver a presentarse porque para ello sería necesario haberlo hecho con anterioridad. Y al actual presidente, por mucho que ocupe el puesto gracias a los estatutos, no le votó nadie.

El Barça tiene muchos frentes abiertos que la actual junta directiva ha intentado parchear a medida que han ido apareciendo. Más allá del modo torticero en que se vendió el patrocinio de Catar –que comenzó siendo de la camiseta y ha acabado envolviendo prácticamente el club en papel del emirato–, la huida de Sandro Rosell desencadenó la tormenta pre-electoral que va a rodear a la institución a priori hasta 2016.

A falta del paraguas que ofrecían antaño los éxitos deportivos, los dirigentes del Barça han creado ellos solitos –y con gran destreza, todo hay que decirlo– un circo de innumerables pistas en el que los enanos se han vuelto colosos y los payasos, jefes de pista. Recapitulemos lo que ha ocurrido en los últimos meses.

Ocurrió que un presidente eligió tomar las de Villadiego tres días después de reclamar al juez que le tomara declaración por el asunto Neymar. ¿Recuerdan? Los “57 millones y punto”.

La directiva aprobó un proyecto para la construcción de un estadio por valor de casi 500 millones (600, si contamos todo el Espai Barça) que rompe con su propio programa electoral, que valoraba las reformas en una décima parte de ese dinero. Curioso, sobre todo si tenemos en cuenta que los dirigentes vendieron jugadores en contra de la opinión del entrenador y pasaron a hacer fotocopias en blanco y negro porque, dijeron, no había dinero para pagar las nóminas. El milagro de los números.

Hoy tenemos un club que demanda a la junta anterior, pierde el pleito y decide recurrir al tiempo que, con la mano tonta, habla de eliminar la angustia de las familias de los ex-directivos renunciando a la ejecución de otra sentencia, la de los avales, sobre la que solamente quien la interpuso tiene capacidad para hacerlo. Tras cuatro años de sufrimiento, los 17 demandados por la acción de responsabilidad deberán seguir viviendo con la espada de Damocles sobre sus cabezas.

También resulta que, para más inri, el Barça está sancionado por FIFA y no puede corregir, al menos de momento, el desastre de algunas de las incorporaciones que, por si fuera poco y como destaparon los compañeros de Radio Barcelona, se encuentran ahora bajo sospecha. Una sanción que en pocos meses ha pasado de ser creada por una mano negra a una serie de “errores administrativos ya subsanados” que no ponen en peligro el modelo de La Masia. ¿Recuerdan la pancarta?

Las diferentes encuestas de opinión relativas a la intención de voto en las próximas elecciones –la última, la que hizo pública Agustí Benedito– sitúan a Joan Laporta en cabeza y a Bartomeu en una muy discreta tercera posición, tras el propio Benedito. La popularidad de la junta actual, por mucho que desde algunos púlpitos se empeñen en loar su gestión, decae.

A Bartomeu solo le quedan dos clavos ardiendo a los que asirse. El primero, que Luis Enrique enderece el rumbo de un equipo que empezó bien y se ha ido disolviendo como un azucarillo con el paso de las semanas. El segundo, que no está obligado a convocar elecciones hasta dentro de un año y medio. Será entonces cuando el presidente pueda presentarse a los comicios y comprobar hasta qué punto cuenta con el apoyo de un barcelonismo que ha presenciado la destrucción –por voluntad propia, por ineptitud o por ambas cosas– del mejor equipo que ha visto sobre el césped del Camp Nou.

Mientras tanto y pese a ser una masa social tan vasta como conservadora, cada vez son más las voces que reclaman que el FC Barcelona cambie la denominación de su museo para evitar que lleve el nombre de un delincuente convicto. La directiva, que hace solo unas semanas condecoró a Núñez, se cierra en banda, mira para otro lado y separa, como hacía Joan Gaspart, los ámbitos presidencial y personal del personaje.

Faltan 18 meses para las elecciones y da la sensación que la gestión del Barça se aguanta con alfileres. Si hace unos años el equipo sostenía al club, hoy no sabemos si existe sostén suficientemente fuerte para ninguno de los dos se derrumbe.

Ignoramos también si el único que podría hacerlo, un tal Leo Messi, tendrá la paciencia para aguantar el chiringuito una vez más. Y van unas cuantas.

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