El sí de Laporta

Hace un año lo anunció en Bogotá durante una conferencia sobre marketing estratégico (“Estoy preparado para volver a ser presidente”) y desde entonces maneja sus silencios como si fueran oro. Desde entonces, también, Joan Laporta se ha movido en la ambigüedad, en un calculado ‘sí, pero no‘. Pese a los continuos requerimientos de los medios para que anuncie lo que es un secreto a voces, Jan espera que sea el desgaste de la actual directiva la que le instale la alfombra roja que le lleve de vuelta a Aristides Maillol, allí donde salió después de una guerra de guerrillas, con una acción de responsabilidad social a sus espaldas y una imagen mancillada desde determinados ámbitos con descorche de botellas de champagne, niñas monas, un yate y el humo de los habanos como banda sonora.

Pero hoy, en la estrategia comunicativa de Laporta, en el caso de que exista, se ha producido una novedad. Su mano derecha, Jordi Finestres, ha publicado dos ‘tweets’ bastante significativos (especialmente el primero) con lo que demuestra que el expresidente no solo tiene intención de presentarse, sino que lo hará sin duda:

Este planteamiento echaría por tierra la estrategia, también basada en los calculados silencios, de Agustí Benedito. El segundo en la pasada carrera electoral –ya conocen la máxima de Ayrton Senna: “El segundo es el primero de los perdedores”– tendría algún tipo de opción electoral si Laporta no acudiera a los comicios. Salvando las enormes distancias, ambos ocupan el mismo vértice electoral, y las encuestas determinan que Jan cuenta con un electorado más o menos fiel, pero también con un índice de rechazo importante.

Las cuentas están claras. El desgaste de la directiva por la dimisión de Rosell y los casos Neymar y La Masia es tal que resulta impensable que nadie salido del actual núcleo directivo tuviera unas mínimas opciones a la victoria, una situación similar a la que se produjo en 2010 cuando los directivos de Laporta intentaron repartirse un pastel que solo existe cuando al frente de la nave está el capitán de turno.

A todo ello hay un detalle muy importante y que puede variar el panorama. Si en septiembre, como se especula desde diferentes ámbitos, el juez Pablo Ruz decide imputar al presidente Josep Maria Bartomeu y al vicepresidente deportivo Javier Faus, el club estará envuelto en una tormenta perfecta con una única salida posible: un adelanto electoral.

En este escenario, el Barça dependerá más que nunca de si la pelota entra, del trabajo de los cracks y de la capacidad de ilusionar del nuevo entrenador: Luis Enrique. ¿Les suena? Un Barça agarrado a su entrenador, el bucle infinito.

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