El problema del lateral derecho

El partido frente al PSG desveló a los aficionados al Barça que el equipo está todavía por hacer. Encajó goles por primera y única vez hasta ahora, pero también dejó al aire una serie de errores individuales que tuvieron como protagonistas a los laterales, que acabaron por arrastrar al centro del campo. Alba estuvo mal, pero los errores de Dani Alves fueron aún más alarmantes. Y no por los errores en sí, que también, sino por lo que hay –o, mejor dicho, no hay– detrás.

Alves, Montoya y Douglas son los candidatos a ocupar la banda derecha de la defensa del Barça. O, dicho de otra manera y a tenor de lo visto hasta entonces, el internacional brasileño no tiene más amenaza para su titularidad que una posible aparición de su compatriota Adriano por el costado derecho.

No sería extraño que Luis Enrique apostara por Adriano como alternativa ocasional a Dani Alves, toda vez que el lateral izquierdo parece bien cubierto con Jordi Alba –pese a su empanada en París– y Jérémy Mathieu, fichado para jugar de central pero muy cómodo en su posición natural de zaguero izquierdo, como demostró en Vallecas.

Martín Montoya ha actuado en más de una ocasión como lateral derecho en las últimas temporadas con un rendimiento ha sido, si tenemos en cuenta lo que el Barça pide a sus laterales, más bien escaso. Por lo visto hasta ahora, Luis Enrique quiere que sus laterales sean llegadores, que sean capaces de incorporarse al ataque con frecuencia para aprovechar el vacío en los extremos que los delanteros crean al agruparse en el centro. Y ahí, Montoya tiene poco que ofrecer. Alves lo ha hecho toda la vida y a sus 31 años ya no es lo que fue, pero por el momento es lo mejor que puede alinear el Barça en esa posición.

Y luego está Douglas, ese fichaje tan sorprendente como inexplicable. Económico, cuentan, pero por lo que mostró en Málaga antes de desaparecer un día si y otro también de las convocatorias, poco esperanzador. Tiene tiempo el nuevo fichaje para revertir la imagen que se ha transmitido de él, pero para ello debe aparecer en el equipo y contar con la confianza del entrenador. Y eso está por verse.

Deberá el barcelonismo, acostumbrado a la miel, comenzar a pensar en que el equipo tiene un problema mal resuelto y que la solución, una vez descartado el fichaje de Juan Guillermo Cuadrado y salvo milagro del TAS, no llegará hasta 2016. Y eso es aún más duro de digerir.

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