El penúltimo grial de Florentino

Gales es una tierra cargada de historia y de mitos. Un país milenario, orgulloso de sus costumbres y su lengua en el que algunos sitúan Camelot, cuna de la leyenda artúrica y de la archiconocida búsqueda del Santo Grial. Y allí, en ese país de viejas tradiciones, de castillos y verdes paisajes, vio la luz el grial que Florentino Pérez creyó idóneo para intentar construir -por enésima vez- la tabla redonda que acabe con su particular caballero negro: el Barça.

Con un físico portentoso que le permite recorrer kilómetros con la misma facilidad con que parpadea y un golpeo de balón descomunal, Gareth Bale ha generado tanta expectación en las filas del madridismo como escepticismo fuera de ellas. La primera ha sido creada por su impecable trayectoria como todocampista y alma ofensiva del Tottenham y, por qué no decirlo, fomentada por la innata capacidad del entorno mediático del Madrid para elevar a la infinitésima potencia cualquier incorporación al equipo. Las razones del segundo hay que buscarlas no sólo en la empírica evidencia de que ningún futbolista británico ha triunfado en España en la historia moderna de este deporte, sino sobre todo en la pésima forma con la que el club ha integrado a Bale en la dinámica del equipo.

El fichaje del galés se demoró tanto que el futbolista optó por no entrenarse con el Tottenham y llegar a Madrid sin haber hecho pretemporada alguna. La mala planificación -unida a las ganas de contraprogramar el desembarco de Neymar en el Barcelona- se tradujo en lesiones musculares y, más recientemente, en una misteriosa controversia mediática relacionada con la salud de sus discos vertebrales ¿hernia o protusión discal?. Ahora que parece recuperado de sus molestias, no está claro que Ancelotti tenga definido el rol en el equipo del exjugador de los Spurs.

Mientras todo se resuelve, Bale sabe que tendrá que cargar siempre la pesada mochila que supone su precio. Lo que quizá desconoce es que deberá soportar también el ansia insaciable de un presidente empeñado en confundir una taza del Starbucks con el cáliz sagrado, sin darse cuenta que el grial no es galés sino argentino, y que lo más parecido que existe lo tiene cerca y lleva el 7 a la espalda.

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