El partido de nunca jamás

Sin alcanzarse el cénit del 7-2 del 24 de septiembre de 1950 en Les Corts, el Camp Nou ha vivido jornadas inolvidables con el Real Madrid de protagonista. Escándalos como el de Guruceta en 1970, humillaciones como el 1-5 de 1963, goles épicos como el de Rexach en 1975, explosiones como la de Messi en 2007, festivales como el de Lineker en 1987… Y manitas. No muchas pero sí legendarias.

Aplastamientos míticos con Romario de protagonista el ocho de enero de 1994 y una orquesta excepcional el 29 de noviembre de 2010. Al final del camino del Dream Team uno y en pleno tránsito por la gloria del Pep Team el otro, son dos noches grabadas a fuego en el imaginario azulgrana.

romairuAhora, cada generación tiene su particular goleada, aunque esta última haya abusado de la mística con Ronaldinho y su 0-3 o con el 2-6 en el Bernabéu. De hecho, en Barcelona se sigue recordando el 0-5 de 1974 como uno de los momentos mágicos de la historia y así permanecerá hasta que el tiempo se lleve al último que pueda hablar de ello.

Quedarán entonces los libros y las imágenes donde aparecerán Cruyff regateando en el área y García Remón tomando el balón de la red. Se verá una extraña parábola del llorado Juan Carlos o el cabezazo de un tal Sotil, el Cholo del ‘Mamita campeonamos‘.

No puede ser de otra manera cuando es un descubrimiento recordar que hace setenta años, el diez de enero de 1943, 40.000 aficionados vieron en Les Corts un 5-5 monumental. Porque el tiempo, maldito, se acaba llevando demasiados recuerdos.

Es por ello que a veces vale la pena disfrutar del pasado para tomar conciencia del presente. Cuando los futbolistas no eran esos seres mitológicos e inaccesibles en que se han convertido en los últimos tiempos y pedirle un autógrafo a Neeskens o fotografiarse con Marcial era tan simple como acudir al entrenamiento y esperar a que acabase.

JCEse mismo Johan II que convertía cada partido en una final y de cuyo entusiasmo era imposible no contagiarse. El público del Camp Nou, capaz hoy de corear al Alexis de turno a la mínima oportunidad, era en ese pasado mucho más selecto en sus homenajes. Futbolistas del recorrido de Asensi o míticos como Krankl nunca disfrutaron de lo que ha pasado de convertirse un honor a una repetición de gritos sin ton ni son dedicados a jugadores que la mayoría de las veces no han sido acreedores de ello.

Migueli y Neeskens serían el paradigma de esos homenajes sentidos de un hincha que debe explicar a sus hijos, los que puedan acudir al campo, qué es jugar frente al Real Madrid. Sacarse de encima cavernas de nuevo cuño y que periodistas de opereta sugieren como la guerra de los Mundos.

El 26 de octubre de 1958 el Barça de Helenio Herrera que cabalgaba hacia un doblete ventiló al Real Madrid con un incontestable 4-0 que mañana, 55 años después, se contemplaría como un resultado magnífico y excepcional. El Cristiano Ronaldo de la actualidad era el Di Stefano del momento, que acompañado de Gento, Marquitos, Kopa o Juan Alonso se llevaron a la capital ese aplastamiento que muchos quieren ver repetido.

Eran otros tiempos, pero es el mismo balón. Y cuando éste eche a rodar todo lo demás quedará aparcado. A lomos de Messi y suspirando por hallar la mejor versión de un equipo instalado entre la duda y la eternidad, el ‘Clásico‘ vivirá un nuevo capítulo.

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