El paradigma Busquets

Sergio Busquets llegó al primer equipo de la mano de Guardiola en 2008, con el que coincidió en el periplo por el filial del entrenador. El mediocampista originario de Badia parecía un recambio ocasional para una posición cubierta magistralmente por Touré, sin embargo acabó convirtiéndose en una pieza clave sin la cual no puede entenderse ni la época ni el juego exhibido por su equipo. Esto último, que sólo puede ser aplicable a Xavi y Messi además de al hijo del portero, habla por sí solo de lo que ha supuesto Sergio para el que es considerado como uno de los mejores equipos de la historia.

Si Xavi era el compás y Messi el catalizador, Busquets era el intérprete perfecto del juego de posición. Un jugador que sabía en todo momento a dónde se iba a dirigir la pelota, la tuviesen propios o extraños, y a dónde tenía que enviar el balón –y al primer toque, además– cuando le llegaba a los pies. Sergio leía cada situación del partido con esa celeridad que sólo disfrutan los que nacen con ese talento. Fue por eso que poco a poco desplazó a Touré, un prodigio de jugador, y se hizo un hueco indispensable sin salir de la sala de máquinas, sin participar en las fotos de los grandes goles, sin dar el último pase que resolvía un partido complicado o encarrilaba una eliminatoria. Sin él, no obstante, esos momentos podrían no haberse producido jamás.

Sergio es la definición pura de un especialista, con lo que ello conlleva. Sacado de ecosistema se convierte en un futbolista ramplón, que parece que va a remolque de los acontecimientos. Tiene calidad para sobrevivir fuera de su ambiente, pero no la suficiente como para hacerse imprescindible, no la suficiente como para ser titular en el Barcelona. Sin la evolución del juego que se da a partir de 2008, Busquets tenía todas las papeletas para haber continuado su carrera por otros derroteros muy alejados del Camp Nou. Y nadie le habría echado de menos.

Prueba de esto último son los partidos que ha disputado esta temporada bajo la mano de Luis Enrique. No sólo Busquets no está jugando bien, es que el día que juega Mascherano en su posición el equipo agradece el ejercicio de honestidad. Sergio, como comentaba antes, es un intérprete. Lee el juego y las diversas situaciones que se dan en un partido y traduce en función de lo que el equipo necesita en cada momento. No obstante, este nuevo Barça carece de idioma o mezcla diversos en el mismo transcurso del encuentro. Busquets no sabe si el equipo quiere calma o si necesita velocidad, si tiene que ir al corte o cubrir al lateral, si debe mantener la posición o ayudar a los centrales. El Barça ha pasado de hablar un lenguaje complejo y único a resolver a golpes sus disputas. El centrocampista es el mejor ejemplo de esta extraña transición a no sé sabe qué que está llevando a cabo el nuevo entrenador y la está sufriendo como ningún otro jugador.

Tanto es así que Busquets es ahora una presencia extraña en el once, quizá una licencia del entrenador o el resultado de la mala consciencia de éste. En el Barça de hoy en día, Mascherano es el hombre ideal para la posición que ocupa Sergio, igual que Sergio era el hombre que buscaba Pep cuando Touré ocupaba el once. Ni entonces Touré era malo ni lo es ahora Busquets, simplemente no eran tan adecuados como su compañero para el rol que debían desempeñar en el equipo. Puede que la presencia de Busquets en el once sea lo que contiene a Luis Enrique de dar rienda suelta a sus ideas o quizá es una pieza fundamental en un engranaje al que le falta mucho más que aceite. Sea la razón que sea, mientras el Barcelona no defina qué quiere ser de mayor, estará dilapidando tanto el talento del jugador como dinamitando las posibilidades de crecimiento del mismo conjunto. Busquets no es más que el paradigma del estado del Barça actual, un equipo que se desangra a la espera de que el cirujano decida por dónde quiere empezar a operar. O a que sea honesto consigo mismo.

Comparte este artículo

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos