Farro, Pontoni y Martino, el “Terceto de Oro” de San Lorenzo.

El otro Martino nació en Rosario, como el Tata. Jugó al fútbol, como el Tata. Y aunque en otro equipo, también su vida tuvo tintes de azulgrana, como los tiene ahora la del Tata. El azulgrana de San Lorenzo de Almagro.

Se llamaba Rinaldo Fioramonte Martino, pero como ocurre tantas veces en Argentina, muchos le conocían por su apodo: ‘Mamucho‘. Un sobrenombre que, según cuentan, procede de su respuesta cuando compararon su actuación con la de Marinelli, jugador de Huracán: “ha sido más mucho mejor que la mía”, dijo Martino. Bartolomé Colombo, uno de sus compañeros en aquel Ciclón legendario de los años 40, aprovechó esa confusa frase para bautizarle de por vida.

La historia del Mamucho no difiere demasiado de la de tantos futbolistas de la época. Nació en una familia numerosa (era el menor de nueve hermanos) y desde pequeño tuvo claro que su pasión era de cuero, esférica y amante de recibir patadas. De los potreros de Rosario pasó a Belgrano, un equipo de fútbol del barrio del mismo nombre que le sirvió no sólo para practicar su afición predilecta, sino para que un ojeador de San Lorenzo se fijara en él y le propusiera incorporarse al club azulgrana. Y así, a los 19 años, se enfundó por primera vez la camiseta del Ciclón de Boedo. Primero con las categorías inferiores y pronto, una vez el técnico húngaro Emérico Hirsch le vio en acción, con el primer equipo.

terceto

La carrera de Martino fue meteórica. Entre 1941 y 1948, justo antes de ser traspasado a la Juventus de Turín, el Mamucho anotó 142 goles en 233 partidos. Con olfato para el gol, una gran visión de juego y un don especial para el arte del regate, Rinaldo Martino marcó una época en un equipo cuyo estilo de juego, rompedor por entonces, podría ser calificado como pionero del fútbol moderno.

Los años 40 fueron una década especial para el fútbol argentino. Nombres como el Charro Moreno, Adolfo Pedernera, Norberto Méndez, Ángel Labruna, Vicente de la Mata, Armando Farro o René Pontoni han pasado –como Martino– al imaginario colectivo de aquel país. Con los dos últimos, el Mamucho Martino formó lo que se conoce como ‘El terceto de oro‘, un tridente ofensivo que lideró a San Lorenzo y le llevó a hacerse con el campeonato de primera división de 1946.

Aquel equipo –que aventajó en cuatro y cinco puntos a Boca y River en el torneo y anotó 90 goles en las 30 jornadas del campeonato– simbolizaba el germen de lo que hoy conocemos como fútbol de ataque. El propio Martino confesó en una ocasión que en el San Lorenzo campeón “no existía la especulación. Se defendía por que había que recuperar la pelota, pero arriba era una cosa seria”.

Y tan seria.

A finales de 1946, San Lorenzo viajó a España, donde disputó varios partidos. En el primero de ellos, disputado en el campo de Les Corts de Barcelona, el Ciclón goleó por 5 a 7 a la selección española y dejó boquiabiertos a los asistentes al partido. Allí vieron por primera vez un esquema formado por tres defensas, dos medios, dos interiores y tres delanteros, un dibujo muy diferente al que se estilaba en España, el 1-2-3-5. Aquella victoria hizo que Josep Samitier, el alma del Barça de la época, se fijara en Martino e intentara sin éxito su contratación.

Quien sí lo lograría fue la Juventus de Turín, donde conseguiría el Scudetto en la única temporada que militó en sus filas, anotando 18 goles en 33 partidos. La aventura europea no le convenció y la nostalgia de su tierra hizo que cruzara de nuevo el charco para enrolarse en Boca Juniors, aunque acabó siendo cedido a Nacional de Montevideo, donde volvió a demostrar su toque de rey Midas y campeonó con el conjunto uruguayo. Volvió al año siguiente para enfundarse la camiseta xeneize y, tras una sola temporada, fue vendido de nuevo a Nacional.

Martino se retiró en 1953 vistiendo la remera albiceleste de Club Atlético Cerro de Montevideo, unos colores que portó también con la selección argentina. Con el combinado nacional, apoyado por sus talentosos compañeros de generación, había vencido en los campeonatos sudamericanos de 1945 y 1946.

Quizá esa misma nostalgia que le hizo regresar de Italia es la que llevó a Rinaldo Martino a apasionarse por el tango. Cuando colgó las botas decidió dedicarse a esa música agridulce y abrió “Caño 14”, uno de los centros neurálgicos tangueros en la ciudad de Buenos Aires, que dirigió durante 18 años junto a Atilio Stampone, una de las grandes figuras del género.

Martino falleció en noviembre de 2000. Se fue alejado del fútbol, pero dejando una profunda huella en los seguidores cuervos, que aún idolatran al que es el tercer máximo goleador histórico de San Lorenzo. Hoy, Rinaldo Mamucho Martino forma parte de los 24 futbolistas argentinos que integran el Salón de la Fama de la AFA, y su nombre figura junto a los de Maradona, Sacchi, Loustau, Pasarella, Fillol, Houseman, Bianchi, Grillo, Méndez, Labruna, Bochini, Kempes o Batistuta.