El órdago de los Dolphins

Aunque en España el nombre de Suh esté más asociado a una cierta celebración de un Balón de Oro, en Estados Unidos ese apellido forma ya parte de la historia del deporte americano. Ndamukong Suh, el muy controvertido defensa que jugó estas pasadas temporadas con los Lions, rubricó ayer el contrato que lo convertirá en el jugador defensivo mejor pagado de la NFL. Sólo por el hecho de estampar su firma, el nuevo jugador de los Dolphins se embolsará los sesenta millones garantizados de un acuerdo que, si cumpliese en su totalidad, le reportaría 114 millones de dólares hasta su finalización en 2021 (a razón de 19 millones por año). Únicamente los mejores quarterbacks de la Liga se mueven en cifras similares o superiores a las del flamante tackle defensivo de Miami.

Estas cifras, tan mayúsculas como el propio jugador (140 kilos embutidos en 193 centímetros), no son una sorpresa, ya que diferentes factores se alinearon a favor del excelente tackle salido de la universidad de Nebraska. El primero y más importante: pocos jugadores de la talla de Suh llegan a la agencia libre. Las franquicias suelen negociar y atar anticipadamente a sus estrellas y en este sentido no hay duda posible respecto al estatus de Ndamukong como mejor jugador de Detroit. El segundo: JJ Watt, ampliamente considerado como el mejor defensa de la Liga, se comprometió hace unos meses para extender su contrato con los Texans y alcanzó la mágica cifra de los cien millones, el coto privado de los quarterbacks; Suh, por tanto, no iba a ser menos e iba a apuntar hacia acuerdos que incluyeran nueve cifras. Y luego también habría que considerar el fuerte incremento que viene experimentando el límite salarial estos años gracias a los gigantescos ingresos que genera la NFL y que en la agencia libre siempre se paga más de lo que se debe.

Analizadas las causas, cabe preguntarse si Suh merece ese contrato. Los Dolphins no han roto la banca; los otros equipos no iban a pagar limosna a Suh por sus servicios y entre las diferentes ofertas que barajaba el jugador ninguna bajaba de los cien millones ni de los cincuenta garantizados. Es esta última cifra la clave en los contratos de la NFL: la cifra garantizada es la que un equipo tendrá que pagar sí o sí (a no ser que el beneficiario del acuerdo incumpla alguna de sus cláusulas) al jugador, esté o no en la plantilla. Es decir, si en septiembre el entrenador de los Dolphins considera que Suh no entra en sus planes y deciden cortarlo, la franquicia de Miami tendría que pagarle esos sesenta millones que firmó, mientras que los cincuenta y cuatro restantes (hasta el total de 114 millones) caerían en saco roto. Obviamente, hablamos de un caso extremo, ya que echar a Ndamukong supondría un impacto durísimo en las finanzas del club, más aún que en el terreno de juego.

Por tanto, Suh iba a conseguir en una franquicia o en otra sus más de cincuenta millones garantizados en un acuerdo de más de cien millones en total. Seguramente la oferta de los de Florida fue la más importante en términos económicos (en un estado donde, además, se pagan menos impuestos), pero de todas formas la diferencia sería poca cuanto menos. ¿Lo merece? En mi opinión, no. Es un jugador descomunal, pero si algo pueden ver los aficionados de los Texans es que tener al mejor jugador en el costado defensivo no asegura las victorias. JJ Watt, el fantástico defensa de la franquicia de Houston, está un escalón por encima de Ndamukong y, sin embargo, no es suficiente para que su equipo consiga clasificarse para playoffs ni en una paupérrima división como es la AFC South. La posición de quarterback sigue siendo la más importante en la NFL: sin uno competente da igual que reúnas a las mejores estrellas bajo tu techo.

Los Dolphins tienen en Ryan Tannehill un buen mariscal de campo, un prometedor joven de 26 años al que le queda un año como mínimo en su barato contrato de novato (el club puede ejercer una opción para alargarlo un año más). Con sus defectos aún evidentes, es un jugador que, si su progresión se mantiene, pedirá en el mercado actual un contrato que también pase de las nueve cifras. Los de Miami, necesitados de estabilidad en esa posición, muy probablemente acaben ofreciendo esos más de cien millones a Tannehill. Será entonces cuando incurrirán en una situación que a Suh le resultará familiar. Su ex-equipo, los Lions de Detroit, tenían invertidos el cuarenta por ciento de su espacio salarial en él, Stafford (el quarterback) y Calvin Johnson (el mejor receptor de la Liga). Para aportar perspectiva, las plantillas de la NFL se componen de cincuenta y tres jugadores. Por tanto, los cincuenta jugadores restantes se repartían el otro sesenta por ciento. El margen de maniobra era escaso y los beneficios aún menores, ya que los Lions fueron una decepción año tras año, incluso esta última temporada donde contaron con la mejor defensa de la Liga y dejaron escapar un partido de playoff prácticamente ganado en Dallas.

La jugada podría salir bien a Miami, por supuesto. El curso pasado ya se erigieron como una de las sorpresas agradables de la NFL, gracias en parte a una de las unidades defensivas más infravaloradas. La adición de Suh convierte de inmediato a los de Miami en contendientes a mejor defensa de la Liga y lanza un órdago a sus rivales de división y conferencia. El coste, por otro lado, es evidente: la capacidad de pujar de los Dolphins se ve severamente afectada, así como sus posibilidades de retener a sus mejores jugadores cuando acaben los contratos actuales. Sin embargo, todo ello sería perdonado si consiguen alzarse con una Super Bowl en los próximos años, después de la cual las espectaculares cifras firmadas por Ndamukong Suh importarían bien poco.

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