El momento de las elecciones

El 15 de junio de 2003 Laporta se proclamaba presidente del Barça con un apoyo de 27.138 socios, un 52,57% de los votantes, superando en más de 20 puntos a su máximo rival, Lluís Bassat, que obtuvo 16.412 votos (31,80%).

En esas elecciones la gran baza electora de Laporta fue David Beckham. Laporta y Rosell habían llegado a un acuerdo con el Manchester United por 32,8 millones de euros allá por el mes de mayo, y lo anunciaron. Así, durante la campaña electoral Laporta ondeó la bandera de ‘Becks’ mientras Lluis Bassat apostaba por un fichaje en la dirección deportiva. Se trataba de Josep Guardiola que de ganar el publicista se hubiera convertido en el director general deportivo del Barcelona.

Aquellas elecciones las ganó Laporta. Ganó el cromo del fichaje estrella de cada temporada (aunque finalmente no llegara). Perdió Bassat. Perdió el típico cromo al que nadie echa cuentas, como el del segundo entrenador en las colecciones de fútbol, por ejemplo.

Como máximo en 2016 el club vivirá otro proceso electoral, ya que Bartomeu no parece estar por la labor de adelantar los comicios para el verano de 2015, pues está reformando la cúpula de la entidad con ‘los suyos’. De celebrarse entonces, seguramente en primavera 2016, pasadas ya las dos ventanas de mercado de fichajes sin poder incorporar a jugadores (invierno y verano de 2015), las elecciones corren el riesgo de convertirse en un desfile de estrellas rutilantes paseando de la mano de sus pertinentes candidatos. Las ganaría el que tuviera en cartera el cromo más atractivo.

En cambio, de adelantarse las elecciones a primavera de 2015, con todavía un mercado de fichajes sin poder firmar jugadores (verano 2015), éstas podrían ser algo distintas, pues los candidatos se verían ‘obligados’  a centrar sus discursos y proyectos en otras áreas de trabajo más profundas. Como Bassat en 2003 con Guardiola, por ejemplo.

Dos escenarios muy distintos, separados por meses de diferencia, en un momento en el que la entidad parece estar pasando por una crisis de identidad fruto de las turbulencias en la directiva y la indefinición en el terreno de juego.

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