El Himalaya en invierno

Si hay una nacionalidad que siente la temporada invernal en el Himalaya como si fuese su propio terreno de juego, es sin duda la polaca. Nueve de los doce ochomiles que han sido hollados por primera vez en invierno han caído de manos exclusivamente polacas y un décimo, el Shisha Pangma (8.027 m), a la par por un polaco y un italiano. Completan la lista de las catorce cumbres de más de 8.000 metros, dos que todavía permanecen vírgenes en la temporada que va de finales de noviembre a mediados de febrero, el Nanga Parbat (8.125 m) y el K2 (8.611 m).

Krzysztof Wielicki y Leszek Cichy everest
Krzysztof Wielicki y Leszek Cichy durante el ascenso al Everest

La carrera invernal de los polacos empezó el 17 de febrero de 1980 cuando Krzysztof Wielicki y Leszek Cichy llegaban a la cumbre del techo del mundo, el Everest (8.848 m). Este hecho histórico no escapó de la polémica, ya que la temporada invernal en Nepal acaba el 15 de febrero y era cuando expiraba el permiso para hacer cumbre para la expedición capitaneada por Andrej Zawada. Una vez expira el permiso, la expedición tan sólo puede permanecer en la montaña para recoger y descender. Zawada envió a un porteador para extender el permiso y el gobierno nepalés concedió una prorroga de dos días para realizar el ascenso. Wielicki una vez realizó la proeza que colocó a Polonia en el mapa del himalayismo aseguraba: “nunca fui candidato a la cumbre, simplemente coincidió que estaba en el lugar adecuado en el momento preciso”. El alpinista italiano Reinhold Messner, en plena lucha por ser el primero en hacerse con todos los ochomiles, fue el más crítico con esta cumbre. Una vez la comunidad alpina y el gobierno nepalés avalaron el 17 de febrero como parte del periodo oficial de invierno, Messner declaró “vale, tiro la toalla. Lo subieron en invierno”.

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La década de los ochenta fue sin lugar a duda la mejor epoca para las expediciones invernales polacas. Haber conseguido escalar la montaña más alta del planeta les llenó de moral y cuatro años más tarde, el 12 de enero de 1984, Maciej Berbeka y Ryszard Gajewski lograban el segundo ochomil invernal: el Manaslu (8.163 m). Mientras el país estaba sumido en un régimen comunista gobernado por el general Wojciech Jaruzelski, con clara tendencia marxista-leninista, quien gobernó desde 1981 hasta 1989, los alpinistas polacos conseguían olvidarse de la pobreza y el bloqueo internacional que vivía el país refugiándose en la cordillera más alta del mundo.

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, la URSS se quedó con la mayor parte del territorio de Polonia tras un acuerdo con Alemania. Tanto unos como otros explotaron la mano de obra polaca casi en un régimen de esclavitud. Así que es fácil entender que los jóvenes atraídos por la escalada escaparan en cuanto pudieran del gris de las ciudades al verde de las montañas. La primera y más fácil vía de escape se encontraba en los montes Tatras, una cordillera en la frontera de Polonia y Eslovaquia. Esta zona montañosa apenas se alzaba 2.655 metros sobre el nivel del mar en su punto más alto, el Gerlachovský štít. Pero había un problema, esta cumbre estaba en territorio eslovaco así que los escaladores que no querían tentar a ser arrestados por cruzar la frontera se conformaban con el Rysy de 2.499 m, el pico más alto de Polonia.

Este entrenamiento no era suficiente para dar el salto a alturas por encima de 7.000 metros, así que en cuanto reunían algo de dinero se escapaban a los Alpes. Pero si había un campo de entrenamiento para los escaladores polacos, este era el Hindu Kush, un macizo montañoso situado a caballo entre Afganistán y el noroeste de Pakistán. Se trata de la prolongación más occidental de las cordilleras del Pamir, el Karakórum y el Himalaya. Una extensión de aproximadamente 1.000 km, con la mayor parte situada por encima de los 5.000 m de altitud sobre el nivel del mar. Tiene en el Tirich Mīr con 7.690 m, el Koh-e-Tez de 7.015 m o el Kūh-e Fūlādī de 5.135 m, sus grandes cumbres. Como dato curioso, en 1976, Jerzy Kukuczka, alpinista polaco con los catorce ochomiles, cuatro de ellos en invierno, sufrió mal de altura cuando realizó un invernal en el Koh-e-Tez.

De 1985 a 1987 se suceden los éxitos del máximo exponente de la escalada polaca, Jerzy Kukuczka. El 21 de enero de 1985 holla por primera vez el Dhaulagiri (8.167 m) junto a Andrzej Czok y consiguen el tercer ascenso a un ochomil invernal con éxito. Menos de un mes después, el 12 de febrero de 1985, Berbeka y Maciej Pawłikowski hacían lo propio con el Cho Oyu (8.201 m), en la que es la única ascensión de un ochomil en invierno en una nueva ruta. Tres días después, dentro de la misma expedición, los también polacos Zygmunt Andrzej Heinrich y nuevamente Kukuczka hollaron la cumbre. En un hecho sin precedentes, Kukuzcka, atravesó el collado a los pies del Dhaulagiri, conocido como el French Pass, con nieve hasta las rodillas y los pies congelados y llenos de ampollas, en un intento desesperado de llegar al Cho Oyu antes de que venciera el permiso el 15 de febrero. Llegó al campo base el 8 de febrero y completamente exhausto, en apenas una semana, consiguió hacer su segunda cumbre en menos de un mes.

Zygmunt Andrzej Heinrich Jerzy Kukuczka cho oyu 
Zygmunt Andrzej Heinrich y Jerzy Kukuczka en el Cho Oyu

El propio Kukuczka se une a la cordada de su compatriota Wielicki para que juntos, el 11 de enero de 1986, pisen por primera vez la cumbre en invierno del Kangchenjunga (8.586 m). Durante esa expedición fallece Andrzej Czok. Un año más tarde, el 3 de febrero de 1987, Kukuczka junto a Artur Hajzer holla su cuarto ochomil invernal, el Annapurna (8.091 m). El 31 de diciembre de 1988, Wielicki, llega a la cumbre del Lhotse (8.516 m) y cierra, con su tercer ochomil invernal, el mejor periodo del alpinismo polaco.

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Tras este séptimo ochomil durante el invierno se inicia una época de sequía que duraría 16 años. En parte por la obsesión de conquistar el Nanga Parbat con cuatro intentos fallidos (1988, 1991, 1996, 1997) y el resto de cumbres del Karakórum como el K2, Broad Peak (8.047 m), Gasherbrum I (8.068 m) y Gasherbrum II (8.035 m). Parecía que en la cordillera del Karakórum los polacos no se sentían tan cómodos como en el Himalaya nepalés.

Pero si un hecho sumió a la comunidad himalayista polaca en una depresión fue la muerte en 1989 de Kukuczka al romperse una cuerda mientras intentaba alcanzar la cima del Lothse por una vía nueva en la cara sur. Jurek, el irrompible, el polaco más duro del mundo perecía en la montaña por culpa de una cuerda que no soportó su peso. Por si fuera poco, Wanda Rutkiewicz, posiblemente la mejor escaladora de la historia con ocho de los catorce ochomiles, tercera mujer en hollar el Everest y primera en hacer lo propio en el K2, perdía la vida tres años más tarde durante su último intento de conquistar el Kangchenjunga, tercera cumbre más alta del planeta. El alpinista mexicano Carlos Carsolio, gran amigo de Kukuczka, lideraba la expedición. Carsolio, más joven y fuerte, marcaba un ritmo que Rutkiewicz no podía seguir. Después de hacer cumbre en solitario, derrotado por el cansancio, inició el descenso. Sobre los 8.300 metros de altitud encontró a Rutkiewicz e intentó disuadirla de seguir sola, pero ella, obsesionada por hacer cumbre, decidió continuar a pesar de no llevar consigo ni saco de dormir, infiernillo ni comida. Tenía la intención de vivaquear e intentar un último ataque. Carsolio esperó tres días, primero en una pequeña tienda a 8.000 metros y después en el Campo II, noticias de la alpinista polaca hasta que decidió regresar al Campo Base y anunciar su desaparición. “Vivir supone arriesgar, atreverse; no atreverse es no vivir”, estas palabras de Rutkiewicz resumían el pensamiento de todos sus compatriotas que se lanzaban a la conquista de las cumbres más altas del planeta.

El precio pagado por la comunidad alpina polaca en el Himalaya fue muy alto. Además de las muertes de los grandes nombres como Czok. Kukuczka o Rutkiewicz, perecieron una treintena de grandes himalayistas. Ya no tan solo debido a su obsesión de alcanzar las elevadas cumbres en invierno, también, por intentar abrir vías nuevas en todas sus ascensiones ya fuera primavera, verano, otoño o invierno. Los polacos tenían una necesidad de ser reconocidos internacionalmente y sus éxitos en los ochomiles les proporcionaban suficiente reconocimiento como para alimentar sus egos.

Moro, Urubko, Richards Gasherbrum II
Simone Moro, Dennis Urubko y Cory Richards en la cumbre del Gasherbrum II

No fue hasta el 14 de enero de 2005 cuando el polaco Piotr Morawski junto al italiano Simone Moro que consiguen una nueva cumbre invernal en el Himalaya, el Shisha Pangma (8.027 m). Los grandes protagonistas del alpinismo invernal durante estos años dejan de ser los polacos y así Moro y el kazajo Dennis Urubko toman el relevo de los zorros invernales. El 9 de febrero de 2009, el italiano y Urubko hollan el Makalu (8.463 m) y el 2 de febrero de 2011 hacen lo propio con el Gasherbrum II (8.035 m), esta vez acompañados por el cámara estadounidense Cory Richards. Moro conseguía ponerse a la altura de Wielicki con tres ochomiles invernales y se ponía a tiro de los cuatro de Kukuczka.

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Janusz Golab en el corredor de los japoneses durante el ascenso al Gasherbrum I

Los dos últimos ochomiles hollados en invierno son conquistados por dos expediciones polacas. El 9 de marzo de 2012 Adam Bielecki y Janusz Golab consiguen la primera cumbre invernal de una cordada polaca en la cordillera del Karakórum cuando hollan el Gasherbrum I (8.068 m). Berbeka, Bielecki, Artur Malek y Tomasz Kowalski, hacen lo propio con el vecino Broad Peak (8.047 m), el 5 de marzo de 2013. Durante el descenso Berbeka y Kowalski no consiguen regresar al Campo IV (7.400 m). Dos días después, Wielicki, jefe de la expedición, afirma que es imposible que los dos himalayistas estén todavía con vida. El 8 de marzo, Berbeka y Kowalski son oficialmente declarados muertos ante la imposibilidad de rescatar sus cuerpos y finalmente se da por finalizada la última expedición de la que posiblemente es la mejor comunidad himalayista en invierno de la historia.

Fotos: wspinanie.pl / Simone Moro

 

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