Estimada señora Cifuentes, doña Cristina. Es usted una desvergonzada. No podría imaginarme cualquier presidente de cualquier lugar ofreciendo un parlamento disfrazado con la camiseta de una entidad deportiva. A usted, doña Cristina, le importa tres cominos que en Madrid, la Comunidad que preside, existan el Leganés, el Getafe, el Alcorcón o el Majadahonda. Del Atleti, ¿para qué hablar? Se ha reído del Atleti en su cara y se ha quedado tan ancha.

Usted, que gira la cara si le hablan de tonterías como gurteles, financiaciones o blanqueos, no perdió ni un instante en ponerse la blanca y radiante camiseta para demostrar a todos los madrileños que el Real es el equipo de todos. Y que los demás o están equivocados o son… Nada. Los otros.

El Atlético ha hecho un esfuerzo y eso hay que agradecerlo”. Le faltó añadir que hizo lo que debía, perder. No tuvo usted, doña Cristina, ni un solo gesto de cariño, de ánimo o de aliento para el derrotado. Es usted soberbia, chula y desvergonzada, señora Cifuentes. Ni Don Mariano tuvo la desfachatez de comportarse con tan poca elegancia. Y eso que don Mariano, el señor Rajoy, siempre ha hecho gala de su madridismo. Pero sabe, debe saber, que hay líneas que no se pueden traspasar.

Es un día feliz para Madrid”. ¿A quién diantres le dijo eso, Doña Cristina? Desvergonzada sin límite, ¿lo dijo a los atléticos que salieron de San Siro llorando? ¿A los que se quedaron con cara agilipollada en su casa? Y guardó un minuto por las víctimas madridistas de Irak porque son más víctimas, por madridistas claro, que los centenares que mueren a diario en el mar Mediterráneo escapando de la miseria. Con el gesto compungido pero cachonda por celebrar el éxito del todo Madrid.

Ahora, a esperar nuevos éxitos del Real, por supuesto. “La undécima no va a ser la última. De cada cinco Copas de Europa disputadas, una la ha ganado el Real Madrid”, clamó eufórica. Lo hizo desde la casa de todos los madrileños, señora. Quizá alguien de los otros debiera darle un toque de atención.

Porque los otros han perdido tres pero tienen un orgullo y una vergüenza que usted, Cristina Cifuentes, no tendrá en su vida. Solo podría pedirle a quienes son del Atleti, quienes van a cada partido al Manzanares y lloran o disfrutan con su equipo, que no la dejen entrar NUNCA MÁS en su casa.