El goloso cromo de Jürgen Klopp

La salida de Jürgen Klopp del banquillo del Dortmund, confirmada hoy, desatará de golpe un sinfín de rumores y especulaciones. Pese a su discreta –para ser generosos– temporada en la Bundesliga, el técnico alemán es uno de los escasos nombres que acumulan el magnetismo suficiente para atraer a los grandes clubes europeos. Salvo Mourinho en el Chelsea y probablemente Blanc en el PSG, ninguno de los principales banquillos parece tener inquilino asegurado. Y hablar de los principales banquillos es hablar, fundamentalmente, de Inglaterra y España.

Si Klopp lo desea, podrá escoger la novia que quiera. Su trayectoria en Alemania, la competitividad de sus equipos y su fuerte personalidad son sus principales bazas y un fuerte imán para los clubes poderosos, ese eufemismo que utilizamos ahora para no decir ‘ricos’.

Poderoso es el Manchester City, donde Manuel Pellegrini parece más fuera que dentro después de su enésimo fracaso internacional. También lo es su rival ciudadano, aunque la apuesta por Louis Van Gaal parece que comienza a dar sus frutos en el United en esta temporada de transición que ha tenido a los Red Devils alejados de las competiciones europeas.

¿Y en la liga española? El Atlético de Madrid acaba de renovar el contrato de Diego Simeone, seguramente un tipo con un carisma similar al del propio Klopp, de modo que Real Madrid y Barcelona parecería, a priori, los únicos posibles destinos para el todavía entrenador del Borussia. En el campeón de Europa, Ancelotti nunca ha acabado de encajar entre la infinita voracidad del entorno mediático merengue. Trajo la famosa décima, pero aun así ha recibido palos y críticas en la misma medida, si no más, que elogios. Cuentan que el italiano tiene pocos números para seguir al frente del banquillo blanco, aunque con Florentino Pérez todo es posible.

¿Y el Barça? La situación del club azulgrana es singular. Gracias a los errores de las directivas, el club está sancionado con la imposibilidad de contratar futbolistas justo en un año en que tiene que afrontar unas elecciones a la presidencia. Pese a que los medios de comunicación hacen emerger un día y otro nombres de jugadores, lo cierto es que las únicas bazas que podrán esgrimir los candidatos como si de caramelos se tratara tienen que ver con la parte técnica. A nadie se le escapa que la famosa comisión de Braida y Rexach tendrá los días contados si accede a la presidencia del Barça cualquier otro que no sea Josep Maria Bartomeu. Habrá relevo, pero como el secretario técnico no vende, el cromo evidente es el de un nuevo entrenador. Y será entonces cuando Luis Enrique verá moverse su silla a medida que se ponga en marcha la campaña.

Poca culpa –o mucha, según se mire– tendrá el asturiano de esas especulaciones. Más allá de sus tiras y aflojas con la prensa, de su empatía y de su mayor o menor educación, Luis Enrique no va a tener más remedio que sufrir en carne propia todos esos rumores. Seguramente le importarán poco y no hará comentario alguno al respecto, pero Klopp es un nombre demasiado atractivo como para que quienes compitan con Bartomeu en las elecciones no se planteen plantearlo.

Otra cosa es saber si en un club como el Barça, con un modelo establecido desde hace décadas y una filosofía bien definida, tendría cabida el modo en que entiende el fútbol Jürgen Klopp. Saber discernir entre las necesidades del club como institución y las armas electorales propias será un buen baremo para medir la talla de los candidatos. Por el momento, sólo dos hombres podrían prescindir de ese as en la manga. Uno es Josep Maria Bartomeu, que cuenta con todo el aparato del club a su disposición para diseñar su campaña y, en principio, con Luis Enrique; el otro, un Joan Laporta que sigue deshojando la margarita consciente de que el reloj y el silencio son dos armas que juegan a su favor.

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