El Godó, un negocio de 10 millones de euros

El catedrático Jose María Gay de Liébana explicó, hace unos días, durante una presentación en el Colegio de Economistas de Cataluña que, en su opinión, había cuatro finanzas modélicas en España: las de Inditex, Mercadona, Damm y RCT Barcelona.

Esto puede dar una idea de la rentabilidad que el Barcelona Open Banc Sabadell-Trofeó Conde de Godó tiene para el club que lo organiza, el único, junto a Wimbledon, Queens y Newport, que alberga en sus instalaciones un torneo de la ATP.

Un rentable negocio de unos 10 millones de euros, que es lo que aproximadamente ingresará la 63ª edición del Godó, que empieza hoy y que permite que el abierto barcelonés tenga, año tras año, un modesto superávit que se reinvierte íntegramente en mejorar las instalaciones con 2.500 socios.

Desde que en 1953 se presentó su primera edición coincidiendo con el traslado del RCT Barcelona de la calle Ganduxer a los terrenos de Pedralbes, el Godó, que actualmente reparte 2 millones en premios, no ha parado de crecer.

En cuanto a participación –en dinero, Pekín y Dubai aun están por delante– no cabe duda de que es el mejor Open 500 del circuito. O “el décimo Master 1.000”, como le gusta decir al presidente del RCT Barcelona, Albert Agustí.

Este año cuenta con cuatro ‘top-ten’ (Nadal, Nishikori, Ferrer y Cilic), que habrían sido cinco si Raonic no se hubiera lesionado en Montecarlo, y otros diez tenistas entre los 30 mejores del mundo.

El Godó 2015 ingresará 6,6 millones de euros en contratos de patrocinio –cuenta con 70 patrocinadores–, 1,5 millones, por los derechos de televisión –la señal producida por TVE se emite en 192 países, con una audiencia total de 28 millones de espectadores– y 1,6 millones, por la venta de entradas (70.407 para esta edición).

Entre sus gastos más significativos están los 2 millones que se llevan los tenistas participantes, más otro medio millón que el torneo paga en fijos para poder contar con algunas de las mejores raquetas del mundo.

Rafa Nadal, ocho veces campeón en Barcelona, está fuera de esta ecuación. El exnúmero uno mundial no cobra directamente de la organización del torneo, sino a través de su contrato publicitario con Banc Sabadell, a su vez patrocinador principal del Godó. Un montante que engloba varios conceptos y que podría ascender al millón de euros.

Agustí defiende esta forma tan catalana de llevar el torneo, lo que él llama “el modelo Barcelona”, que conjuga sostenibilidad, excelencia y tradición a la hora de organizar cualquier evento deportivo, frente a aventuras de final incierto como el Master 1.000 de Madrid. El presidente del club barcelonés recuerda siempre en círculos privados los 180 millones que les ha costado a los madrileños la famosa ‘Caja Mágica’ y los 9 kilos al año que la capital de España paga al extenista Ion Tiriac –propietario de los derechos del torneo– para que no se lo lleve a otro sitio.

Un estilo que le sitúa en las antípodas del Godó, un torneo histórico, con solera y un arraigo en la sociedad civil que no tiene comparación con ningún otro. Y es que la semana del torneo, el que no se deja ver por el ‘village’ del RCT Barcelona no existe en esta ciudad.

El club experimenta una espectacular metamorfosis durante los días previos al evento, una serie de incomodidades para sus socios que luego se ve compensada con creces. Un total de 35 días de obras, en las que trabajan 470 operarios y participan 8 grúas y 60 camiones para levantar 3 pistas (la central con capacidad para 8.390 espectadores) y el famoso ‘village’ por donde pasa la flor y nata de la sociedad catalana.

El coste de la instalación ronda los 900.000 euros, a los que hay que añadir 1,2 millones en gastos de organización, entre muchas otras partidas.

Mientras que el club se convierte en el escenario de uno de los torneos más valorados por los tenistas y por la ATP, que este año le ha otorgado su Premio Anual a la Excelencia en la Organización, sus socios emigran a clubes cercanos para seguir jugando a tenis.

Y es que el RTC Barcelona mantiene acuerdos con todos los clubes de cercanos (Barcino, Polo, Laietà, Turó), que ceden sus instalaciones durante esos días, a cambio de entradas para presenciar en directo el torneo con las que obsequian a algunos de sus asociados.

El éxito del Godó radica, fundamentalmente, en no querer ser más que lo que es: un evento deportivo y social de primer orden en una de las ciudades más importantes de Europa. Ahora bien, Agustí cuenta con ‘un plan B’, por si un día surge la oportunidad de ascender de categoría y pasar de un Open 500 a ser un Master 1.000. Entonces, el torneo tendría que dejar de celebrarse en el club que lo ha acogido toda la vida y que ya no puede crecer más. Entonces, el Godó dejaría de ser el Godó.

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