El Barça de baloncesto está en su novena final de la Liga ACB consecutiva. Sin duda, es una muestra del domino aplastante que ha ejercido el Barça durante esta época, que de momento ha ganado 4 de las 8 últimas. Sin embargo, la sección no podía estar en peor momento, pues hay poco a lo que agarrarse para ser optimista. Y no hablamos solamente de lo que puede deparar la final contra el Madrid, en la que tampoco hay mucho lugar para el optimismo.

Solo el quinto partido de la semifinal logró reunir en el Palau a más de 5.000 personas (6.028). Los otros dos se quedaron alrededor de 4.500. Tristísimo. En época de elecciones, resulta imprescindible dar un giro al actual rumbo que está tomando la sección, pues el desapegó de la afición con el equipo es evidente. Las razones pueden ser muchas, pero sobre todo hay una: la falta de ilusión por lo que se ve en la pista.

El baloncesto del Barça no es nada brillante. Ni cuando se ha ganado, como en los primeros cuatro partidos de estos playoff, el equipo trasmitía ilusión. Que en el equipo estén Abrines y Hezonja y ambos pasen más tiempo en el banco que en la grada no ayuda. Son dos tipos espectaculares, con tirón, carisma y nadie sabe por qué no juegan más, pues después de un partido bueno acostumbran a ser premiados con menos de 15 minutos en el siguiente.

Un ejemplo de lo que hablamos es lo que sucedió en el quinto partido contra Unicaja. Hezonja rescató al equipo en el segundo cuarto con unos minutos soberbios, asistiendo y anotando. Cometió la tercera falta justo antes del final del segundo cuarto y ya no jugó más en todo el partido, a pesar de que ninguno de los otros aleros se mostrase a su nivel.

El Barça tiene actualmente una de las plantillas con más proyección de Europa y, sin embargo, el futuro se adivina desconcertante. No se ha sido capaz de retener un año, o dos, a Hezonja pues se le ha tratado como uno más cuando no lo es. El modelo de juego es inexistente y el reparto de minutos resulta complicadísimo de explicar.

Satoransky está siendo lo mejor de este final de temporada, pero pese a que casi siempre el equipo es mucho mejor con él en pista, juega casi los mismos minutos que Marcelinho, a lo que hay que añadir que en los minutos calientes Pascual está más seguro y tranquilo con el brasileño en pista. Lo mismo ocurre con Navarro, a quien un rol a lo Basile le haría aún más leyenda (como se demostró en el quinto partido) pero a quien en demasiadas ocasiones se explota sin sentido y sin resultado.

El Barça se mueve bien en el mercado, tiene un secretario técnico que suele fichar lo que le pide el entrenador y que es bueno detectando gangas. La cantera, a pesar de los cambios de rumbo que va dando, tiene algún talento de dimensiones y un futuro enorme, puesto que el primer equipo ha estado viviendo un ciclo ganador hasta el último año. Sin embargo, el impacto de la sección cada año va a menos.

Seguramente Xavi Pascual no sea el único culpable, pero si miramos cinco años atrás y pensamos en el boom de la sección, aún nos sería más duro entender la situación actual. Algo más que el título de Liga necesita el basket blaugrana para volver a ser un referente en la ciudad. Y qué mejor que ahora, en época de elecciones y debates de modelo, para definir bien el futuro de la sección.