El futuro del Barça

Si algo ha aprendido –o debería haber aprendido– el barcelonismo en los últimos años es a contemplar con la mayor indiferencia lo que ocurra fuera de su club. Más allá de las inevitables muestras de euforia por las derrotas del máximo rival, los triunfos del Barça en el pasado más reciente son un flotador más que seguro al que asirse a la hora de evitar el sufrimiento y la propaganda.

Incluso en temporadas en blanco como la recién terminada, el Barça y sus responsables y seguidores deben ser conscientes de la necesidad de mirar hacia dentro para volver a retomar la senda del éxito por el que no hace tanto transitaba. La consecución de la famosa ‘décima’ por parte del Real Madrid era pura estadística, algo inevitable que, a falta de un Béla Guttmann merengue, sólo era cuestión de tiempo.

Una vez elegido Luis Enrique como líder, la labor que tienen ante sí los directivos del Barça es reconstruir el equipo para que el técnico asturiano tenga en sus manos un conjunto de jugadores que unan a la calidad ese hambre de triunfos que hizo tocar el cielo al club hace apenas tres años. Tan importante como la actitud en los entrenamientos y el césped es la diligencia desde las oficinas de Arístides Maillol, algo que en las últimas temporadas ha brillado por su ausencia al dejar que el equipo rodara cuesta abajo y sin frenos hasta despeñarse, tan empeñados como estaban persiguiendo manos negras mientras, ciegos, ignoraban el suicidio deportivo del equipo.

El Madrid ganó en Lisboa porque siempre creyó sí mismo. Compitió con el agua al cuello hasta que esa fe fue premiada con el remate de Ramos en el tiempo añadido. Y es la fe, la convicción absoluta en las propias posibilidades y el trabajo bien hecho, el combustible que debe poner en marcha el nuevo Barça, el lubricante que engrase unas piezas a las que jamás les faltó calidad pero sí dureza mental, convencimiento, tesón, tozudez y tenacidad. En una palabra, la persistencia que jamás debió desaparecer el vestuario azulgrana.

Es hora de rehacerse, de desterrar los complejos –si no lo están ya– y de reivindicar de nuevo ese camino que llevó al Barça a practicar mejor que nadie ese juego que nos apasiona y se llama fútbol. En sus manos está.

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